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lunes, 21 de octubre de 2013

Cuenta regresiva de varios autores Nº 7


39 - Deshojando - Oriana Pickmann y Sergio Gaut vel Hartman
Le ofreció una flor de treinta y nueve pétalos. Ella la tomó entre sus manos y empezó a deshojarla. No había dos pétalos iguales, como no hay dos amores iguales. Y ese amor era menos igual que ningún otro.

38 - En plena ruta – Héctor Ranea
El policía se subió a mi camión; dio las gracias. Lo miré sin hablar. Él habló por dos todo el viaje. Nunca supo que yo era un fantasma, que ese día lo levanté tanto para cambiar mi rutina.

37 - Amantes - Luis Mateo Diez
No pude creerlo hasta que les descubrí. Muchos me lo habían advertido. En aquel momento ella, asustada, dejó de maullar, pero él, que no se daba cuenta de que les estaba mirando, todavía siguió ladrando un rato.

36 - La zorra y las uvas - Ambrose Bierce
Una Zorra, al ver unas uvas agrias que colgaban a dos centímetros de su nariz e incapaz de admitir que pudiera haber algo que ella no se comiese, declaró solemnemente que estaban fuera de su alcance.

35 - Una cuestión de sentimientos – Sergio Gaut vel Hartman
Rehén de las palabras que forjaban sus novelas, el escritor se fingió mudo para conquistarla. Ella, ciega, olió el truco, le acarició los labios, le cubrió los oídos con cera y siguió lamiendo su helado.

34 - Deja vu: la metamorfosis – Diego Muñoz Valenzuela
Cuando el bello escarabajo despertó, vio con horror que se había transformado en Gregorio Samsa.
Tras el espanto, pensó que el asunto le resultaba familiar. “Debo haberlo vivido o soñado antes. O quizás leído”.

33 - Francisco Tario
Luna inútil y sin brillo, partida generalmente por la mitad, y arrumbada en cualquier rincón del cielo como un preservativo sobre una cama de latón a las diez en punto de la mañana.

32 – Nuevo juego – Sergio Gaut vel Hartman
Inventé un deporte. Es una mezcla de fútbol, boxeo, ikebana y bricolage. Su práctica es bella y estimulante. Casi todos los asesinatos se producen por golpes de fresadora o perforaciones de taladro.

31 - Escarabajeando – Sergio Gaut vel Hartman
Al despertar buscó su bola de estiércol; no la vio. “¿Dónde estoy? ¿Qué está ocurriendo? ¿Una cama? ¿Estoy en una cama? ¿Qué es una cama?”
—Gregorio, son las siete menos cuarto.

30 - Buena educación - Nanim Rekacz
Mamá decía: —¡Te vas a caer! —Y me caía.
Papá decía: —¡Te vas a lastimar! —Y me lastimaba. Era un hijo muy obediente y no quería defraudar a mis padres.

29 – Ineludible – Nanim Rekacz
Había tomado todas las precauciones para evitar los peligros que me acercaran a la muerte. Pero no fueron suficientes. Esa mañana al despertar me olvidé de respirar, y morí.

28 - Francisco Tario
Hay en mí constantemente una curiosidad incurable por aquella Tierra silenciosa, nocturna, llena de pisadas celestes; aquella Tierra sin hombres, color violeta, de hace setecientos billones de años.

27 - Tristezas - Francisco Tario
La primera es tristeza de suicidio; la segunda, de blenorragia; la tercera, de crimen. Y hay esa otra tristeza inofensiva, artera, pero que no se cura nunca, que es la tristeza de los puertos y los circos.

26 -Sueño programado – Héctor Ranea
—En un rato empiezo a despertarme —soñó Monterroso—. Espero que el dinosaurio esté ahí.
—Pero los sueños, sueños son —le contestó Calderón de la Barca.

25 - José Luis Zárate
Da todo por tu empleo. Trabajo y vida es lo mismo. Ese no es el problema. Es el uso de los rifles cuando te despiden.

24 - La fosa de babel - Franz Kafka
—¿Qué estás construyendo?
—Quiero cavar un pasaje subterráneo. Algún progreso hay que hacer. Su situación es demasiado elevada.
Estamos cavando la fosa de Babel.

23 - Javier López
El androide fue el primero en darse cuenta del peligro. Abandonó el planeta sin esperar a que los humanos tomaran la misma decisión.

22 - Abretesésamo - José Antonio Martín
Cuento que me contó una vez mi hija Adriana fastidiada de que le pidiera un cuento.
Había una vez un colorín colorado.

21 - José Luis Zárate
La tortura se realiza en la habitación 101, y todo empieza con la terrible espera en lo que encuentran las llaves…

20 - Amenaza fractal - Javier López
No vuelva más por aquí, o de lo contrario me veré obligado a decirle que no vuelva más por aquí.

19 - Samanta Ortega
Desde que el cuerpo desnudo ostenta, la vejez ha empezado a ser una enfermedad y lo natural, un defecto.

18 - Su mirada - Miguel Dorelo
Cuando me mira de la forma que ella sabe hacer, comprendo al fin la razón de mi existencia.

17 - Rafael Vázquez
Como escaseaban las flores, las abejas despiadadas se libaban unas a otras, hacían incursiones en colmenas ajenas...

16 - Rafael Vázquez
La naturaleza no hace nada en vano. Por eso el mundo no existe donde no miramos.

15 - El harén de un tímido - René Avilés Fabila
Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.

14 - Javier López
La violencia no sirve para nada, cuando no eres más fuerte que tu rival.

13 - Última - Luis Britto García
La última muerte se me olvidó, que es como si hubiera muerto doblemente.

12 - Rafael Vázquez
Las tumbas del cementerio son las literas del tren de la muerte.

11 - Oriana Pickmann
Tomó el poder, doble, con hielo. Resultado... terminó ebrio, de poder.

10 - Oriana Pickmann
Sentaron las bases. Pero ellas, obstinadas, querían estar de pie.

9 - Pocas nueces… José Luis Zárate
Nada pudo la Policía del Pensamiento contra los telépatas.

8 - Suicidio - Saturnino Rodríguez Riverón
Eliminé a mi peor enemigo, en defensa propia.

7 – Letra muda – Nanim Rekacz
Un Literato, escribe. Un Literharto prefiere callar.

6 - Oriana Pickmann
Es extraño, pero extraño al extraño.

5 - Gilda Manso
Permuto insomnio por anestesia intravenosa.

4 - Duelo cósmico - Saturnino Rodríguez Riverón
—¡Bang, bang!
—¡Big Bang!

3 - Condena - Diego Muñoz Valenzuela
Mataré al asesi...

2 - Mujer de mis sueños - Saturnino Rodríguez Riverón
Desperté divorciado.

1 - Viajero perdido en un extraño repliegue de un espacio-tiempo desconocido - María del Pilar Jorge
—¡Socorro!...

0 - Viajero perdido en un extraño repliegue de un espacio tiempo desconocido, esperando respuesta de la Tierra - María del Pilar Jorge

La ilustración es "Mujer Luna" de Jackson Pollock

viernes, 18 de octubre de 2013

Cuenta regresiva especial de 100 entradas Nº 2


99 – El maquinista – Héctor Ranea

Preparó la clase del día siguiente, se recostó un rato antes de cenar, encendió la televisión para quedarse dormido mirando una película de Buster Keaton, se sirvió un poco de agua y tomó esa pastilla. En la película, tal como la comenzó a ver, un caballo blanco cabalgaba cerca de una vía. Él manejaba el tren, la jineta sonrió y él, desde el tren le mostró una palma de la mano con el mensaje grabado por Keaton: me fui a reír a otra parte. Mañana te espero en clase. Pero nunca llegó porque nunca pudo salir de la locomotora.

98 – Para dudar de las fotografías – Héctor Ranea

Entiendo que en el manifiesto del beso hay dos personas que se besan. No sé quiénes son; probablemente estén ya muertas. Las fotos las hacen durar eternamente en la posición tibia, en el músculo tenso, en el acto en potencia: lo posible de un acercamiento piel a piel. No puedo decir nada de ese instante porque sucedió décadas antes de que yo lo viese; sin embargo, dudo de que existiera antes de que lo mirase. ¿Tengo derecho a decir que ese beso nunca existió? ¿Están muertas las personas que se besaron pero viva la pregunta que me hago?

97 - Cuento de hadas al revés - Héctor Ugalde

Vivió su vida de cuento de hadas completamente al revés. Comenzó viviendo feliz para siempre. Luego se casó con la princesa. Se vio obligado a pelear con el villano, vencerlo y matarlo sin saber qué de malo había hecho aquel pobre hombre para merecer tal castigo. Para justificar la maldad del difunto inventó historias de sus fechorías, las cuales hizo circular por todo el reino. Para finalmente regresar a su pueblo natal, volverse un completo desconocido y pensar en que sus líos habían comenzado al casarse con aquella princesa. Lo bueno es que solamente Había una vez.

96 – La ternura – Héctor Ranea

A la mierda con todo, me dije entre signos de exclamación que no escribiré porque soy pudoroso. Ya nadie piensa en términos de cariño, de suavidad, de ternura. Todo es un papel donde se efectúan transacciones y regalos que son apenas un simulacro de sonrisas. A la mierda, dije para adentro, para que nadie escuche. Pero de pronto un grito me salió de la garganta. Algo se reventó dentro de mí en ese momento y debió ser grave porque acá estoy, pensando que gritar me va a sacar de este ataúd, aunque sepa que es inútil.

95 - La especialidad de la casa – Sergio Gaut vel Hartman

Todo el mundo sabe que trabajar de ajedrecista no es peligroso. Sin embargo, Nemesio Fattaba es la excepción que confirma la regla. Jugador oficial de la bombonería El Caballo Goloso, Nemesio promociona la especialidad de la casa: un set de piezas de ajedrez de chocolate oscuro y blanco. El ajedrecista juega con los compradores de diecisiete a veinte, todos los días, y los suele derrotar en pocas jugadas, aunque casi nunca come menos de seis piezas por partida. Actualmente Nemesio pesa ciento setenta kilos y todo el mundo sabe de qué se va a morir.

94 - Amor a primera Pista - Héctor Ugalde

¡Elemental mi querido Watson! Cuando se elimina lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad.
Veamos: Nos interesan las mismas cosas, como es resolver misterios. Siempre estamos juntos investigando. Nos complementamos en nuestras capacidades y trabajamos en equipo. Compartimos aficiones, como el ajedrez, el tabaco, la química y el violín. Sentimos una gran admiración mutua, aunque desbalanceada. Usted ha logrado que me olvide casi completamente de mi adicción, me temo que sustituyéndola por otra tal vez más fuerte.
Definitivamente podemos concluir sin lugar a dudas, ¡que nos hemos enamorado!

93 - Tahilandia o Siam – Sergio Gaut vel Hartman

Hace años, cuando Tahilandia se llamaba Siam, era un país muy frío. Hacia allí partió un aventurero con una idea revolucionaria en la cabeza: fragmentar el país y convertirlo en millones de heladeras eléctricas que permitiaran conservar cervezas, cocacolas y guisos durante lapsos prolongados. Logró su propósito y se hizo muy rico vendiendo los citados electrodomésticos, pero la temperatura de Siam trepó hasta convertirlo en un sitio tropical donde la gente, desesperada, terminó comiendo sesos de mono vivo. El cambio de nombre del país fue un efecto colateral de este gran evento industrial.

92 - Litros de sucio talento - Sergio Gaut vel Hartman

—No se me ocurre nada.
—¿Escribe por obligación?
El escritor se rascó el culo; hacía dos semanas que no se bañaba, obsesionado por su bloqueo creativo.
—No —dijo finalmente—; escribo por placer.
—Entonces acepte los hechos, haga una pausa, y báñese. Huele como mil monos.
—Tiene razón, me bañaré. —Pero de pronto se detuvo y el rostro se le iluminó, como si hubiera dado con una idea brillante—. Tengo que encontrar un método para recoger la mugre que saldrá de mi cuerpo. En ese néctar está la esencia de mi próxima novela.

91 – Mapas - Sergio Gaut vel Hartman

El chino contempló al genovés casi con pena. Le había vendido los mapas de Zheng Ho por una fortuna, cuando cualquier marino de la Flota Tesoro sabía que navegando tanto hacia el Levante como hacia el Poniente encontraría las tierras que ellos habían descubierto en 1421. Que el emperador hubiera decidido no ocuparlas era una cuestión de política de estado que él no estaba interesado en comprender. Pero de lo que sí estaba cierto era del carácter paciente de los chinos; ya llegaría el momento de reconquistar y habitar esas regiones.

90—La historia que me contaron— Nélida Magdalena Gonzalez

La casa, que todos los años estaba en venta, llamaba mi atención. Cuando la ocupaban, la ligustrina que la rodeaba, se veía prolija y recortada. Pero, cuando aparecía el cartel de venta, se notaba el abandono. Los vecinos me contaron que un matrimonio vivió allí, durante años. Una noche de tormenta, discutieron en el jardín, cerca de la piscina. El hombre empujó a su esposa y ella murió ahogada.
Dicen que cuando llueve, la joven, aparece llorando en el sitio. Espanta a todos los que quieren habitar su ex morada.

89 - Para siempre... - Héctor Ugalde

La Bella Durmiente está preocupada.
¿Por qué siente ese vacío sí fue despertada por un beso de amor verdadero?
¿Por qué la desazón al esperarlo cada noche a que regrese de madrugada?
¿Por qué la inquietud al ver las manchas de carmín en su camisa?
¿Por qué el dolor cada vez más grande al verlo constantemente ebrio?
¿Por qué la tristeza al sentir los golpes y las injurias?
¿Por qué, sí le prometieron ser feliz para siempre, se siente tan infeliz?
Aunque eso sí, sí le parece para siempre..

88 - Destino en pausa... - Héctor Ugalde

La hermosa joven quiere saber lo que le depara el futuro.
La adivina toma la mano de la tímida muchacha y se asombra al ver que la línea de la vida sigue recta por el brazo y llega hasta su boca.
"Tu destino estará dormido latente esperando el beso que lo despierte..."
Luego, al ver que la línea continua de los labios al corazón, agrega:
"...pero no sé sí va a ser un beso de amor o sí vas a morir de un ataque cardiaco de la impresión".

87 - Amor Zombie - Héctor Ugalde

Los zombies salen.
Entre la multitud de cuerpos maltrechos unas miradas se encuentran y cobran vida...
Las bocas babeantes forman dos medias sonrisas...
Como en una película, corren uno hacia el otro en cámara lenta... (literalmente).
Cuando finalmente están juntos, se abrazan y se besan.
"¡No lo puedo creer! ¡Tienes la oreja derecha que a mí me falta!"
"¡Y tú, el brazo izquierdo que no tengo!"
Se unen las partes y después del intercambio cada quien se va por su lado sintiéndose más completos, felices para siempre.

86 - ¡Te e-xtr@ño! - Héctor Ugalde

Le escribe "¡Te extraño!" por correo electrónico.
Después de un rato recibe el mensaje: "¡Yo también te extraño!".
Mira de reojo a su esposo acostado junto a ella y teclea "¡Tenemos que hacer algo!".
No se hace esperar la respuesta: "¿Cómo qué?".
Ella suspira mientras imagina varias posibilidades. Escribe: "Estamos aquí, acostamos juntos, y en vez de platicar, nos escribimos emails...".
Voltea a ver a su marido mientras él, pensativo y serio, lee la pantalla de su computadora portátil.
Finalmente llega otro mensaje: "¡Tienes razón! ¿Chateamos?".

85 - Manual para acabar con las paradojas - Héctor Ugalde

Estaba escribiendo el Manual para acabar con las paradojas.
"Es curioso que la mayoría de las paradojas son causadas por una muerte: la del abuelo o la del padre, por ejemplo.
Y más extraño es el que la mayoría de las soluciones a las paradojas sean también por una muerte: del nieto, del hijo... o de uno mismo".
Al terminar de escribir este párrafo me pareció oír un ruido a mis espaldas.
Lo último que alcancé a ver fue mi doble reflejo en el espejo...

84 - Antes de que nacieran los cuentos - María del Pilar Jorge

Lorena no jugaba a la mamá con sus muñecas. Las mamás tienen que ir al trabajo, cocinar, lavar, planchar. Sus muñecas no serían nenas, sino princesas como Blanca Nieves o la Bella durmiente, y los osos de peluche, soldados que las defenderían de dragones, brujas y otras pestes.
Cuando Lorena creció, los juguetes durmieron en sus cajas, su sueño de porcelana y trapos y ella pareció olvidar aquellos juegos. Pero en el aire permanecieron flotando infinidad de historias.
Un día Lorena empezó a escribir.

83 – De sopa de agujeros negros a paradoja negra de la sopa – Héctor Ranea

El físico desarrolló su teoría sobre agujeros negros y especulaba sobre si de él podría salir información. Se encontraba con una paradoja. La confirmación vino de su computadora mediante el viejo recurso del mensaje en pantalla: “Los agujeros negros no tenemos pelos” (el conocido teorema de Wheeler). “Estás dentro de mi lata de sopa”. Acto seguido, dicha sopa se virtió dentro y el físico, entusiasmado, quiso escribir que había entendido todo, pero la máquina escribió: “Lo siento, nada de información sale de acá”.

82 – Las observaciones sigilosas – Héctor Ranea

Cuando mirábamos estrellas hablábamos en voz tan baja que sólo podíamos escucharnos nosotros dos, como si estuviéramos amándonos en casa ajena. Y sosteníamos los instrumentos con el mismo cariño con que nos acariciábamos en secreto en las iglesias medievales. Apenas suspirábamos palabras técnicas como cuando creábamos constelaciones en tus pechos con tus escasas pecas y los pezones que se unían a las mías, todo con sigilo. No sé en qué momento dejé de verte entre mis estrellas. Con tanto sigilo te fuiste.

81 - El asunto de la luz – Sergio Gaut vel Hartman

Muerto, ya dentro del féretro, me permití reflexionar: ¡qué suerte no tener que hacer el ridículo como todos los idiotas que despiden al fallecido con un responso más que estúpido pronunciado delante de una manada de imbéciles! ¿Cómo iba a imaginar que luego de la resurrección mi vida se convirtió en un calvario? Todos los idiotas me piden que cuente el estúpido episodio de la luz y me presionan para que hable delante de vastos auditorios de imbéciles describiendo mi experiencia.

80 - Tratado de príncipes y otras ataduras abisales - Raquel Sequeiro

Era un chucho de color verdiazulado, tanto que alguien lo confundió con una rana y lo diseccionó con anestesia y ahora lleva el vientre atado con cordón de zapatos. Era un perro tan bueno que nadie se atrevía a tirar del cordón, sin saber que de ese modo todos verían a un amable príncipe. Dejaron de pensar en el sucio cordón, enredado en el pelaje; el perro murió y, en el lento decorrer de los añejos paisajes, ya nadie recordaba.

79 – Sorpresas en el continuo ST514 – Sergio Gaut vel Hartman

—Observe esto, profesor: parece que en este universo Stalin se anticipó a Hitler, invadió Polonia y arrasó toda Europa. La guerra terminó el 28 de septiembre de 1947, cuando una bomba atómica soviética destruyó New York.
—¿Y qué consecuencias tuvieron estos hechos?
—Karol Wojtyla es director de cine en Hollywood, Donald Trump maneja un tractor en Bashkiria y Brasil acaba de perder la copa del mundo de fútbol en el Maracaná tras ser derrotado 11 a 0 por China.

78 - El faro encantado - Raquel Sequeiro

Asomó la cara por la ventana. Urdía un viento helado las olas y la mar veíase contundente y rizada. Pensó en las noches con Esperanza, en el sabor de su carne prieta, en la forma que tenía de hacerle olvidar, sus párpados que contenían un millón de perlas en el desbaratado ajusticiamineto de las pestañas, hermosas y cobrizas.
Una noche Esperanza abandonó el faro; sigo esperándola en la lejanía, sabiendo que vendrá, con sus labios, susurrantes de cuentos.

77 - Despierta despierta despierta despierta despierta despierta despierta - Héctor Ugalde

La Bella Durmiente abre los ojos y mira con asombro a los siete pequeños hombrecillos que rodean su cama.
Puede distinguir claramente cada detalle de sus caras, de sus barbas, de su ropa, de la habitación... de la pálida muchacha acostada más allá que tiene restos de una manzana extraordinariamente roja en su boca de casi el mismo tono.
¡Está maravillada! ¡Ve todo con tanto detalle y color!
Se siente siete veces más despierta que de costumbre.

76 - El amanecer de los despiertos durmientes... - Héctor Ugalde

El intrépido y valiente príncipe mata al feroz dragón y sube a la alta torre para darle el beso de amor a la Bella Durmiente.
La encuentra despierta, despeinada, con los ojos inyectados de sangre de 100 años de insomnio.
Ella lo ve y se le acerca ansiosa diciéndole a gritos con voz ronca y seca: "¡BÉSAME!"
El ya no tan valiente príncipe huye precipitadamente de aquel, el más grande peligro al que se ha enfrentado.

75 - Largo despertar - Héctor Ugalde

La historia oficial de la Bella Durmiente dice que sería despertada únicamente por un beso de amor. La realidad fue que el beso la despertó, pero el amor la dejó en un estado tal de ensoñación del que solamente después de 15 años de un matrimonio lleno de engaños, mentiras y maltratos, después de 5 años de terapia de psicoanálisis, y después de un largo proceso de divorcio, le permitieron finalmente despertar de su codependencia.

74 - Amor a primera visión - Héctor Ugalde

A lo lejos se previeron y se enamoraron a la distancia. Se acercaron sin dirigirse una palabra y sin dejar de mirarse a los ojos. Vieron en ellos los días de pasión que vivirían, seguidos de un eterno infierno de incomprensión, dudas, celos, peleas, gritos, lágrimas y dolor, hasta terminar en un fatal desenlace... Entonces se detuvieron temerosos, horrorizados, y prefirieron fingir indiferencia y alejarse, para continuar su monótona vida de videntes y adivinos.

73 - Fraudulento – Sergio Gaut vel Hartman

Frank Steitz era un solterón inútil y vago que había encontrado un método perfecto para vivir sin trabajar. Se disfrazaba con la ropa de su madre muerta para seguir cobrando la jubilación y así vestido iba al banco todos los meses para hacerla efectiva. Con lo que no contaba era que el gerente del banco, que era viudo, se enamoraría de él y le propondría matrimonio; aceptó para no ir a la cárcel.

72 – Frío frío - Sergio Gaut vel Hartman

—Me dijeron que traerán a un nuevo huésped —dijo Walt Disney.
—Espero que sea uno de los nuestros —se quejó Henry Ford.
—Que no sea uno de esos, ya saben, uno de esos —agregó Charles Lindbergh.
—No lo sé. Es un escritor de novelas y yo nunca leí cosas como esas. Roth, ¿puede ser Roth?
En el centro criogénico de Pasadena reinó el silencio, un silencio más profundo y helado que nunca.

71 - Las dos bellas durmientes - Héctor Ugalde

Un día, la bella durmiente del bosque se encontró con la bella durmiente de la ciudad.
Se pusieron a comparar sueños, técnicas para despertar (deseos), tipos de despeinados, poses adormiladas, trucos para no quedarse entumidas... batas, piyamas, sábanas, camas...
Y vieron que no tenían nada en común.
Nada, excepto aquel bobo príncipe azul que iba y las despertaba cada 100 años.
Como ahora, que estaban esperando con ansía volverse a dormir...

70 – Criaturas de la noche - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Le parece Franz, que estoy en condiciones de ir a ese bar de señoritas al que me invita? —Gregor se movió inquieto en la cama y clavó la vista en Kafka.
—¡Por supuesto! —replicó el escritor—. El lugar está lleno de cucarachas y nadie va a hacer cuestión por su tamaño.
—Pero yo no soy una cucaracha, soy un escarabajo; usted mismo lo dijo.
—Tampoco importa. La iluminación es deficiente.

69 – Desempleo - Sergio Gaut vel Hartman

—El cierre de las minas es un hecho irreversible, amigos. No tengo trabajo para ustedes. Y mucho menos siete puestos...
—Encima se fue la chica que nos hacía la comida y la limpieza —se lamentó el más anciano de los mineros.
—¿Y si prueban en un circo?
—Dicen que no hacemos reír a nadie —se quejó otro, malhumorado.
—Los tiempos han cambiado —concluyó el de la agencia de empleo.

67 - Compañeros – Sergio Gaut vel Hartman

—¡Hola! Soy Walt Disney; estoy frizado. Con los años desarrollé una formidable capacidad telepática. ¿Alguien me capta? ¿Hay alguien ahí?
—Aquí. Soy Adolf Hitler. Los judeo-comunistas conservan mi cerebro en una solución jabonosa. Estoy en el sótano de la Central Sinárquica, en Ufá. ¿Qué le parece si nos asociamos y unimos nuestras fuerzas?
—¿Nos conocemos de algún lado?
—¡Claro! En otros tiempos trabajábamos para la misma empresa.


66 - Cuestión de edad - Héctor Ugalde

Tuve una idea. Saqué mi libreta y me puse a escribir inspirado. Un par de mesas más allá una joven me observaba con curiosidad y sonreía. Me atreví a acercarme y enseñarle lo que había escrito. "¡Qué hermosas letras!", me dijo, "¡Ya nadie escribe así!". Me sentía volar por los aires.  Hasta que la escuché decir: "¡Me dan ganas de aprender a leer la letra manuscrita!"

65 - Amor laberíntico - Héctor Ugalde

Teseo llega al centro del laberinto y se sorprende. En lugar del Minotauro, está la Bella Durmiente. Se acerca, la besa, y la hermosa doncella despierta. Se supone que debieron de haber sido felices para siempre, pero no fue así. Nunca pudieron salir del laberinto. Al momento de besarla, Teseo perdió el hilo que lo conectaba con Ariadna y por lo tanto, con la salida.

64 – Piqueteros – Sergio Gaut vel Hartman

—¿Quiénes son todos esos? —preguntó el escritor mirando por la ventana. Su asistente respondió con un resoplido que hizo temblar la cristalería del bargueño.
—Personajes de ficción, y de los pesados.
—¿Pesados? ¿Quiénes y por qué?
—Superman, Sandokan, Miguel Strogoff, Tarzan, Mr. Hyde, Vlad Dracul, Raskolnicov, Mandrake...
—Pare, pare, suficiente. ¿Y qué quieren?
—Aumento de sueldo. Mejores condiciones laborales. Nuevas obras... Lo de siempre.

62 - Juegos de transmutación - Raquel Sequeiro

La enorme sala del alquimista estaba oscura. Boca de lobo entreabrió las fauces, Aligodio se limaba las uñas, sonaba una triste música en el portacedés. Un bolero, una cumbia, un vals. Calculó el alquimista cuánto tiempo le quedaba para ser abducido por los fabricantes de plomo y se apuró lo preciso para que, cuando llegaran, sólo encontrasen una estatua de oro puro.

61 - Porque... - Héctor Ugalde

Me preguntaba por qué comenzaron a ocurrir esas extrañas cosas desde tu muerte. Por qué encontraba abierto algún cajón. Por qué los objetos tirados al paso en las escaleras. Por qué la sensación fría en pleno verano bajo los rayos de sol. Hasta que apareció aquel mensaje en el vaho del espejo después de bañarme: "Prometiste que seríamos felices para siempre".

60 - La dama de la cara rosa - Raquel Sequeiro

Imaginaos que intentó borrársela, muy temprano de mañana. Restregó, restregó y restregó y sin rostro se quedó.
—¿Que quedó entonces, Bella Durmiente? —preguntó el pequeño niño de cabellos rubios.
—Hijo, quedó una especie de estatua saltarina que no me dejaba dormir.
—¿Es que no eras tú, madre?
—No, hijo, tu padre jugando con mi maquillaje indeleble de cuento de hadas.

59 - El drama más romántico de todos los tiempos - Héctor Ugalde

El joven ve a la bella durmiente y llora desconsoladamente porque piensa que ella ya está en el sueño eterno...
Él quiere suicidarse, pero antes la besa dándole el último adiós.
Julieta despierta justo a tiempo y logra detener a Romeo antes de que se mate.
William Shakespeare después decide cambiar la historia. Los finales felices ya no venden...

56 - Dramaturgia verdadera – Sergio Gaut vel Hartman

Cae el telón, se apagan las luces, los tramoyistas ingresan al escenario para retirar los cadáveres. Ahora viene lo peor: conseguir nuevos actores que sepan sostener el prestigio de la obra más cruda y realista de la historia y al mismo tiempo lograr que nadie sospeche de los reclutadores cuando cumplen con la tarea de capturarlos.

55 - Nº 2 - Silvia Milos

A Julia le faltaba el índice. Las gotas de sangre en las baldosas habían formado un caminito hacia la heladera. Abrirla fue como detener el tiempo. Un escalofrío secreto me carcomió la espalda mientras el dedo de Ella me señalaba. Miré atrás, la lista en la mesa: era el segundo. El asesino sabía mi nombre.

54 - La historia de una flor - Nélida Magdalena Gonzalez

Sobre la sepultura abandonada, nació una planta. El sol le cedió rayos de oro, la luna entristecida, le dio su blancura y el agua de lluvia hizo lo suyo.
Creció, brotaron hojas, ramas y pimpollos.
Con la ayuda de la naturaleza y abonada con el cuerpo que yacía debajo, surgió una flor llamada tristeza.

53 - Intentos - Héctor Ugalde

Intenta dormir. No puede.
Recuerda los intentos hablar, de aclarar las cosas.
Los intentos de acercarse. Los intentos de reconciliarse. El intento de no sentir dolor. El intento de olvidar.
El intento de esquivar el auto. El intento de no sentir dolor. El intento de no cerrar los ojos.
Intenta despertar. No puede.

52 – Fatalidad en el continuo TR405 – Sergio Gaut vel Hartman

—Observe esto, profesor —dijo Asdrúbal Parameshio, el ayudante del eminente físico Héctor Príamo, descubridor del principio separador de hebras dimensionales—: parece que en este universo los aqueos no consiguieron engañar a los troyanos.
—¿Cómo es posible, querido Asdrúbal?
—En lugar de un caballo de madera les dejaron un alfil de material plástico.

51 – Nocturno – Héctor Ranea

Entró sangrando. En silencio, con la automática apuntándonos, señaló dónde debíamos ponernos. Asustados, obedecimos. Encendió un porro, fondeó la primer pitada. Lo perseguía otro perro bípedo con un tiro en el pecho. El segundo lo recibió en la cabeza. Igualmente, lo arrastró afuera, ambos gritaban. Dos perros callejeros peleando, dos muriendo.

50 - Sabiduría inútil - Sergio Gaut vel Hartman

Uno se pasa la vida tratando de imaginar qué se siente al estar muerto. Y cuando lo descubre no le sirve de nada. Les explico: el universo entero se convierte en una cámara Gesell y no importa cuánto aplastes la cara contra el vidrio: nadie te ve ni te oye.

49 - El regreso de Alicia detrás del espejo - Héctor Ugalde

Alicia estaba maravillada por todo lo que veía detrás del espejo.
Así que pasó a través de él y vivió un gran número de emocionantes, aunque extrañas aventuras, acompañada de varios personajes estrafalarios.
Cuando quiso regresar encontró que el espejo realmente era una ventana.
Y que ahora estaba cerrada...

48 - No siempre nos quedará París - Héctor Ugalde

Los extraterrestres pensaron que sería buena idea destruir la ciudad de París. A partir de ese momento millones de personas ya no se distrajeron con ideas románticas y se enfocaron únicamente en la destrucción de los extraterrestres, los cuales fueron aniquilados totalmente y sin ninguna pizca de amor.

47 - Barbazul - Sergio Gaut vel Hartman

Gilles de Rais no mataba a sus esposas, ni a sus suegras, como dice la leyenda. El amigo de Juana de Arco solo violaba y mataba adolescentes elegidas entre las aldeanas de escasos recursos. Lo de la barba es mito: no hay ninguna foto que lo certifique.

46 – Lo que mata es la mezcla - Sergio Gaut vel Hartman

La Bella Durmiente siente un roce en sus labios y despierta. La rodean un gato calzado con botas, un muñeco de madera y una niña vestida con una caperuza roja.
—¡Mecachendié! —exclama la niña—. Esta tarada volvió a meter los libros de cuentos en el lavarropas.

45 - Vivir en el limbo - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Tenía varias vidas gracias a: Cortázar, Bolaño y los libros imposibles de Borges. A veces era un cronopio pequeñito, un detective salvaje o se perdía en los laberintos de Babilonia. Al regresar a su vida ordinaria enfermaba y sólo unas gotas de literatura lo aliviaban.

44 - Ilusa – Sergio Gaut vel Hartman

No se hace justicia con el esfuerzo aplicado por la madrastra de Cenicienta para que la muchacha pudiera ganarse la vida en el servicio doméstico. Y ella menos: prefería pensar que un día perdería un zapato de cristal y se casaría con un príncipe.

43 – Una crítica con fundamento - Sergio Gaut vel Hartman

—Lo que más me molesta de las tramas de los cuentos clásicos son los lugares comunes, los clichés, la moralina superficial y ridícula, el abuso que se hace de la buena fe del lector...
—Si lo decís vos, Blancanieves, así debe ser, nomás.

42 - ¿Igual a todos? - Héctor Ugalde

Ella me dijo que era igual a todos los hombres.
Me miré al espejo y vi mi millón de rostros...
Me devolví un millón de miradas...
Esbocé un millón de sonrisas...
Volteé y le respondí "No a todos. Solamente a un millón".

41 - ¡Arrepentíos, el final está cerca! - Héctor Ugalde

Siento que el final está cerca. Pienso en todo lo que pude haber hecho y no hice. En lo que debí hacer de una mejor manera. Bueno... Tal vez para la próxima vez, por lo pronto a disfrutar de este orgasmo.

40 - Cambiando el destino - Héctor Ugalde

El dragón está preocupado. Ha leído y releído los libros y sabe cual será su destino. Así que cuando llega el caballero toma la determinante decisión que cambiará su destino: —Decidí dejar de fumar —le informa al doctor.

39 - Extraño fenómeno... - Héctor Ugalde

Extraño fenómeno el que sucedía cuando se miraba en el espejo.
Se veía alto, guapo, musculoso, sonriente, perfecto...
Muy diferente a como lo veían las personas que iban a la feria itinerante y que le gritaban cruelmente:
"¡Extraño fenómeno!"

 38 - Palabras cruzadas - Héctor Ugalde
—¡Payaso!
—¡Bruja!
—¡Monstruo!
—¡Araña!
—¡Charlatán!
—¡Momia!
—¡Inútil!
—¡Guacamaya!
—No... Debe de ser de 7 letras...
—¡Pensemos bien cuál es la última palabra para terminar de llenar este crucigrama!

37 - Aclaración necesaria – Sergio Gaut vel Hartman

La luz se filtra a través del útero; oye sonidos, se chupa el pulgar, puede hablar.
—Mamá, ¿yo soy un feto? —pregunta angustiado el nonato.
—No, hijito; sos muy lindo. Y cuando nazcas serás más lindo todavía.

36 - Humor – Sergio Gaut vel Hartman

—La potencia intelectual de un hombre —dijo Friedrich Nietzsche— se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
—Entonces lava y seca los platos con una sonrisa —replicó la delicada hermana del filósofo.

35 - Esperanza mutua - Héctor Ugalde

La Bella Durmiente despierta y busca infructuosamente al gallardo joven que le dio el tan esperado beso de amor. Se pone triste porque solamente encuentra a un decepcionado sapo que creyó poder convertirse en príncipe.

34 – Simulacro – María del Pilar Jorge

Estaban besándose, se veían felices. Se desprendieron del abrazo, justo al verme pasar. Les sonreí, deslicé un saludo y seguí mi camino sin detenerme. Nunca supieron que soñé con sus besos miles de veces.


33 - Primera vez... - Hector Ugalde

Me sentí solo por mucho tiempo. Te vi y me enamoré. Inventamos juntos el amor... Entonces me sedujiste con lo prohibido. Y se nos acabó el paraíso...
—Pero, Adán, ¡eso es historia antigua!

32 - Desvelo - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Despertó sobresaltado, soñó que no era feliz, se percató que todo a su alrededor estaba en orden y en silencio sepulcral; se sintió tranquilo y sólo así el cadáver volvió a dormir.

31 - Corazones perdidos... - Héctor Ugalde

¡Cupido estaba frustrado!
Había lanzado flechas y más flechas y ellos, con la mirada perdida del uno hacia el otro, pero sin verse.
Con el corazón puesto en la música mp3.

30 - Un cuento de fantasmas sin miedo - Sergio Gaut vel Hartman

Ya saben que la muerte nos iguala a todos, que no hay madres, hermanas, hijas. Y está bien que así sea porque acá el incesto es el único entretenimiento permitido.

29 - Pasajes directos a nuestro destino - Héctor Ugalde

Pido un par de pasajes directos que nos llevarán rápidamente a nuestro destino. Intento pagar, pero me dicen que no dan crédito a pasajes bíblicos del Genesis al Apocalipsis.

28 - Añoranzas de un hombre - Nélida Magdalena Gonzalez

Sentado en una mecedora, el abuelo recordaba viejos tiempos. Aquellos en los que trabajaba y era útil. Más aún, los momentos en los que lo consideraban una persona.

27 - Hotel de paso - José Manuel Ortiz Soto

Cuando desperté, la puta dinosauria ya no estaba ahí, ni mi cartera ni mi reloj ni mi ropa; solo me dejó este cuchillo clavado en el pecho.

26 - ¡Cuenta conmigo! - Héctor Ugalde

Dije "¡Cuenta conmigo!"
No supe en lo que me metía al decirle esto a un contador compulsivo.
Nos pusimos a contar estrellas y granos de arena...

25 - Mecánica cuántica y maullidos - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Schrödinger se equivocó, el gato salió de la caja de un salto y ronroneando —con una vida menos—, pero vivo al fin y al cabo.

24 - Media historia - Héctor Ugalde

El vaso medio vacío se encontró un día con el vaso medio lleno.
¡Se complementaban!
Se enamoraron.
¡Por fin habían encontrado su media naranjada!

23 - Borges despertó del sueño de ser Borges - Héctor Ugalde

Borges despertó del sueño de ser Borges. Entonces pudo ser recuerdo u olvido, sueño o despertar, orden, caos, Teseo, Ariadna, Minotauro, o laberinto...

22 - Sólo con su alma - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El náufrago sólo tenía un diminuto trozo de papel, afiló el lápiz con los dientes y se dispuso a escribir un microcuento.

21 - Una conversación - Sergio Fabián Salinas Sixtos

—Café —dijo él.
—Leche —agregó ella.
—Día —sentenció él.
—Noche —murmuró ella.
—Te amo —susurró él.
Ella ya se había desvanecido.

20 - El adiós - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Ella se marchó y él quedó hecho un mar de lágrimas que poco a poco lo ahogaron entre corrientes salinas.

19 - Breve historia de los dinosaurios - Sergio Fabián Salinas Sixtos

—¿Por qué desaparecieron los dinosaurios?
—No desaparecieron, están aquí.
—¿Es eso posible?
—Despierta y lo verás.
Y cuando despertó...

18 - Títere - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Pinocho: miró sus manos y eran buenas; miró sus pies y caminó; sabía que estaba vivo y sonrió.

17 - Payaso - José Antonio Iñiguez Narváez

Con esta hoja de afeitar, más brillante y tersa que nunca, voy borrando mi rostro de hoy.

16 - El amor es ciego hasta que abres los ojos... - Héctor Ugalde

El amor es ciego hasta que abres los ojos... ¡Y entonces es amor a primera vista!

15 – Cuento de tres o cuatro palabras – Héctor Ranea

Érase una vez. ¡Pucha, ya me pasé! ¿No ves que no sirvo para esto? Renuncio.

14 - Inmortalidad al alcance de la mano - Héctor Ugalde

Quiso ser inmortal. Así que se puso a escribir un cuento de nunca acabar...

13 - Cuentos completos - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El escritor fantasma: escribía y corregía, editaba y publicaba; pero nadie lo leía.

12 - Venta de comercios al por mayor – Sergio Gaut vel Hartman

Vendo mercado chino a precio regalado. Mil doscientos millones de clientes cautivos.

11 - ZZZ - Héctor Ugalde

ZZZ... Y en la última palabra el diccionario se queda dormido...

10 - En tu memoria - Héctor Ugalde

Este aniversario voy a hacer algo en tu memoria: Olvidarte.

9 - Pensamiento cuadrado - José Manuel Ortiz Soto

La mayor parte del tiempo soy un trapecio escaleno.

8 - Amor instantáneo (sueño húmedo) - Héctor Ugalde

Amor instantáneo, sólo agregue agua. Entonces despierto sudando...

7 - María Magdalena - José Manuel Ortiz Soto

Siempre traía al Jesús en la boca.

6 - Para CR que no logra mirarlo por TV – Sergio Gaut vel Hartman

Reparamos controles remotos por control remoto.

5 - Juego de Espejos - Héctor Ugalde

Los espejos juegan al infinito...

4 - La tetralogía - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Sólo llegó a trilogía.



2 - Noticia de última hora - Héctor Ugalde

Apocalipsis Now.

1 - Dícese del significado de una palabra o una expresión - Héctor Ugalde

Definición

0 - Paráfrasis del silencio - José Manuel Ortiz Soto


sábado, 17 de agosto de 2013

Cuenta regresiva de varios autores N° 6



39 - Homenaje a Oscar Wilde - Gilda Manso
El hermoso retrato envejece y él permanece siempre joven. Yo, una mujer normal, me lleno de arrugas mientras mi amado parece mi hijo, luego mi nieto. Un consejo: nunca te enamores de un personaje literario; cuanto más inmortal, peor.

38 - Actitud - Miguel Dorelo
Dejar de lado los miedos, encarar molinos de viento con el firme convencimiento de derrotarlos no es para cualquiera; cobardes: abstenerse de intentarlo. Que lo imposible sea lo utópico no es una mala manera de encarar la vida.

37 - Cuento de miedo – Sergio Gaut vel Hartman
Al despertar, tras una noche de sueño intranquilo, Gregor Samsa descubrió que Chuan Tzu era un enorme insecto que le vendía zapatos de bebé a una mariposa convertida en dinosaurio. Cuando encendió la luz todavía estaba allí.

36 - Ciberjerarquía – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman
El ordenador empezó a perpetrar imprevistos. Despertó un camionero dormido en la ruta, espabiló a una garza y un paisano vio un rayo que no tenía que haber visto. El ordenador de control tuvo que quemarlo.

35 – Trampa – Esteban Dublín
El infiltrado le dio la señal al policía para que atrapara al delincuente. El policía entró a escena y disparó. El infiltrado cayó tendido. Ambos policías se sonrieron y huyeron como los delincuentes que eran.

34 - Historia del pequeño cuarto rabino - Ricardo Lindo
—Mira papá —dijo el niño marciano— ha caído un bichito en mi vaso.
El padre lo sacó con un cucharilla y contempló los últimos estertores de un insecto cuadrúpedo y barbudo de naturaleza desconocida.

33 - Handle with care - Héctor Ranea
Eso decía el paquete, así que lo abrí cuidadosamente. Venía un libro raro, pero no sabía que fuera tan delicado. Era una historia dibujada por Hokusai sobre alas de mariposa. Llegaron, claro, destruidas.

32 - César Vallejo
Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que soy malo; y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo.

31 - Fábula en miniatura - Marco Denevi
Los lobos, disfrazados de corderos, entraron en el redil y empezaron a murmurar al oído de las ovejas:
"Hemos sabido, de muy buena fuente, que el perro es un lobo disfrazado".

30 - El crimen perfecto - René Avilés Fabila
El crimen perfecto —dijo a la concurrencia el escritor de novelas policíacas— aquel donde no hay a quien perseguir, donde el culpable queda sin castigo; es, desde luego, el suicidio.

29 - Dueño de hombre - Héctor Ranea
En la ciudad, los hombres se dividen entre los libres, que recolectan las basuras de otros y los poseídos, que arman un paquete con la basura de los otros.

28 - José Luis Zárate
Le di los mejores años de mi vida al Ministerio de la Verdad. Con miedo espero mi jubilación, en la que tendré que empezar a decir la verdad.

27 - ¡No, no y no! ¡No lo mando nada!- Héctor Ranea
Sor Etelvina no quiso saber nada con el jueguito de mandar al 2020 una adivinanza para ver cómo te llaman en la escuela. Ya tenía bastante sobrenombre.

26 - Rebeldía – Sergio Gaut vel Hartman
El organismo del alcohólico tomó conciencia de sí mismo y decidió operar por su cuenta.
—Basta de vodka —dijo el hígado—. Dame un bourbon triple.

25 - Francisco Tario
Aunque para atestiguar que el hombre no es tan exigua cosa como se pretende fueron creados el bailarín de ballet, el sepulturero y el limpiabotas.

24 – Sempiternos – Oriana Pickmann
La muerte vino, como correspondía, a llevarme. Cuando cruzó el umbral de mi casa, tropezó, cayó y dejó de ser. Nos hemos vuelto inmortales.

23 – A lo dicho, pecho – Nanim Rekacz
Acostumbrado a editar lo escrito antes de publicarlo, pretendió el político eliminar las palabras pronunciadas.
–Olviden mis palabras –rogó al público.
Fue inútil.

22 - El tren - Saturnino Rodríguez Riverón
En los minicuentos de dos líneas, el título actúa como locomotora, empujando. En los de una sola línea, son lógicos los descarrilamientos.

21 - El mundo - Juan José Arreola
Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

20 - José Luis Zárate
Retiramos los cuerpos, tomamos sus identificaciones, leemos el nombre de quienes somos ahora, podemos afirmar que nadie ha muerto jamás.

19 - El Cid y Jimena - Marco Denevi
Se amaron después de tantas dificultades que en el lecho nupcial les pareció que amarse no valía gran cosa.

18 - Censura - José Luis Zárate
Con igual alegría usaban sus cuters y tijeras para cortar las partes ofensivas de libros, periódicos, cartas, tatuajes…

17 - Ramón Gómez de la Serna
La serpiente mide el bosque para saber cuántos metros tiene y decírselo al ángel de las estadísticas.

16 - Ramón Gómez de la Serna
El que llama a los delitos "hechos delictuosos" es uno de esos que beben "bebidas espirituosas".

15-Actitud- Miguel Dorelo
Que lo imposible sea lo utópico no es una mala manera de encarar la vida.

14 - Javier López
No reparaba en los pequeños desperfectos, hasta que ya los grandes daños fueron irreparables.

13 - Rafael Vázquez
Diacronía sensitiva: siento una hora tarde tu puñal y me creo tus besos.

12 - Javier López
Acabé con los dos. El loro repetía los reproches de mi esposa.

11 - Natural - Antonio J. Cebrián
Era un hombre cultivado. Murió porque durante tres días olvidaron regarlo.

10 - Javier López
Los libros de botánica han echado raíces en mi biblioteca.

9 - Ramón Gómez de la Serna
El femenino del "otro yo" es el "otro ya".

8 - Efecto mariposa - Saturnino Rodríguez Riverón
Al despertar, Chaung-Tzu formuló la teoría del caos.

7 - Inverosímil - Oriana Pickmann
Entre el sol y yo, mi sombra.

6 - Rafael Vázquez
No está hecho añicos, es así.

5 - Rafael Vázquez
Aquel río tenía tres orillas.

4 - No dejes para mañana - Gilda Manso
Lo haré pasado mañana.

3 - Mágicas palabras maternales - María del Pilar Jorge
Está la comida.

2 - Gilda Manso
Intento nuevamente.

1 - Un final inesperado - Antonio J. Cebrián
Fin.

0 - ¡Falla de ignición! Detengan la cuen… - Sergio Gaut vel Hartman





Ilustración: Les grâces naturelles, de René Margritte.

Cuenta regresiva de varios autores N° 5



39 - Correcciones en la línea temporal – Sergio Gaut vel Hartman
—¿Admite que su imprudencia pudo haber mandado el universo por el desagüe?
Adolf Shickelgruberhoffenhausen, el viajero del tiempo contempló desafiante a su interlocutor.
—¿Qué podía hacer que no fuera matarlo, profesor Monterroso? Cuando llegué el dinosaurio todavía estaba allí.

38 - Otra historia de amor – María del Pilar Jorge
Lo encontró en un negocio de libros usados. Atraída por el dibujo de la tapa, lo compró. Más tarde, perdida en el embrujo del relato, descubrió que la historia de su vida se encontraba resumida en esas páginas.

37 - Los verdaderos motivos – Sergio Gaut vel Hartman
Los alienígenas bajaron en Washington, Londres, París, Berlín y Beijing.
—¿Son de Marte?
—¿Marte? —El omnitraductor intergaláctico era una maravilla.
—¿Vienen a invadir la Tierra?
—¿Invadir?
—Entonces, ¿a qué vinieron?
—Captamos sus emisiones de televisión.
—Ah, eso.

36 - Organito - Héctor Ranea
Lo escuchamos en Coyoacán. Nos gustó. Esa tarde, en el Zócalo, ahí estaba, como siguiéndonos, sonando su organito. De tarde lo oímos en Tlatelolco. Huimos despavoridos. Al volver la vista atrás no había senda que pisar.

35 - Mito - Esteban Dublín
—¡Cuántas veces tengo que decirle que los castillos en el aire no existen, niño! ¡Que son un invento barato de los fantasiosos!
—¡Pero, papá! —replicó el pequeño unicornio—. ¡Juraría que acabo de ver uno!

34 – Juegos divinos – Oriana Pickmann
Los aldeanos talaron árboles, labraron la tierra y recolectaron minerales. Pero no podían comprender el significado de esa barra de color verde sobre sus cabezas. Dios era un adicto jugador de Age of Empires.

33 - Samanta Ortega
El héroe necesita su costado humano. Ese que nos haga ver que de sus ojos también brotarán lágrimas, aunque no lleguen a traspasar sus bordes. De lo contrario nunca será héroe sino villano.

32 - Duda - Héctor Ranea
Leí lo escrito sobre el ano divinorum y me vinieron convulsiones y un líquido distópico salió de mis narices. La ambulancia para llevarme a un hospital la maneja un zombie. ¿Debo creerle?

31 - Francisco Tario
El canto de un pajarito o el imperceptible aleteo de una nube pudieron ser suficientes aquella mañana para que todo hubiese concluido. Para que tú y yo hubiésemos concluido, quiero decir.

30 - Nunca como el avestruz - Miguel Dorelo
Esconder la cabeza profundamente, no ver ni escuchar lo que nos provoca dolor, nunca es una buena estrategia. Animarse a mirar de frente, a sostener la mirada siempre será mejor.

29 - José Luis Zárate
En la TV, impreso: El Gran Hermano te observa. En la radio: el GH te escucha. En la cama no dice nada pero yo prefiero dormir en el suelo.

28 - Rayo - Héctor Ranea
La luz de un rayo deslumbra a millones de luciérnagas que deciden copular bajo su embrujo. Los huevos de esos días generarán un insecto eléctrico mutante. Algún día.

27 - El octavo día - Antonio J. Cebrián
Terminado su descanso, Dios despertó y dijo:
—¿En qué abominación se ha transformado la nube de partículas que creé para darme baños cuánticos?
Y lo destruyó todo.

26 - Francisco Tario
El libro, el amigo del hombre. El perro, el amigo del hombre. La tierra, madre del hombre. El hombre, hermano del hombre. ¡Endiablado lío de parentescos!

25 - José Luis Zárate
Pocos saben que el Gran Hermano se observa, mira cada gesto, se da cuenta de lo inmensamente culpable que luce. El Gran Hermano se denuncia.

24 - A manos llenas - Javier López
Te di todo lo bueno, todo lo humano, todo lo hermoso que había en mí. Ahora no te quejes de que soy un desalmado.

23 - Rafael Vázquez
A medida que avanzaba el sueño las ovejas se iban tornando más ingobernables y de naturaleza más mudable, haciendo más difícil el recuento.

22 - En teoría - Saturnino Rodríguez Riverón
Un relato hiperbreve asistió al Congreso de Minificciones, y agradeció a los académicos presentes cuanto no habían hecho por su crecimiento personal.

21 - Rafael Vázquez
Las cosas muertas esparcen su simiente por los camposantos del aire como polillas macabras que se adherirán hambrientas a las cosas.

20 - Certamen literario - Saturnino Rodríguez Riverón
Detuvo los cronómetros por debajo de los nueve segundos. Los organizadores del evento la calificaron como una ficción muy rápida.

19 - ¿Así o asá? - Samanta Ortega
Del oficio nace el ocio, como bien nos enseñan. Aunque estoy convencida que en los comienzos fue al revés.

18 - Javier López
Las estrellas son agujeritos en el cielo nocturno, por los que se cuela la luz del verdadero universo.

17 - Oriana Pickmann
Me concedió el amor. Pero su condición de estrella fugaz no le permitía pensar en cosas duraderas.

16 - Ramón Gómez de la Serna
Hay ventiladores que se sienten obispos y no hacen más que dar bendiciones a su alrededor.

15 - Recurso extremo – Sergio Gaut vel Hartman
—¿Los androides sueñan con ovejas eléctricas, señor Dick?
—Sólo cuando tienen insomnio —respondió el escritor.

14 - Juventud – María del Pilar Jorge
Tenía la cabeza llena de pájaros y el corazón repleto de fantasiosas ilusiones fugaces.

13 - Pesadilla - Oriana Pickmann
El Ave Fénix sueña que el viento esparce las cenizas hasta el infinito.

12 - El mundo – Esteban Dublín
Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que prefería la ceguera.

11-Sinceramente tuyo - Miguel Dorelo
Hacé de mi lo que quieras, pero por favor, no abuses.

10 – Era un careta – Nanim Rekacz
Cuando se sacó la máscara, abajo no tenía cara.
–¡Descarado!

9 – Culinaria – Nanim Rekacz
Los crédulos son el alimento preferido de los dioses.

8 - José Luis Zárate
Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba ahí, masticando.

7 - Ramón Gómez de la Serna
El murciélago vuela con la capa puesta.


5 - Rafael Vázquez
Biblioteca: jardín botánico de pensamientos.

4 - No dejes para mañana - Gilda Manso
Lo haré pasado mañana.

3 - Lepidóptero - Saturnino Rodríguez Riverón
Oruga. Crisálida. Chuang-Tzu.

2 – Acentuada diferencia – Nanim Rekacz
–Amen.
–Amén.

1 - Los reyes no existen - Gilda Manso
Ufa.

0- Yo no participo de esta cuenta regresiva - Saurio


La ilustración es del pintor iraní Iman Maleki

jueves, 15 de agosto de 2013

Cuenta regresiva especial de 100 entradas N° 1


99 - Una sesión de numerología - Sergio Gaut vel Hartman

—Los números gobiernan todo lo que existe —dijo el numerólogo muy convencido—. Dígame su fecha de nacimiento.
—Veintiocho de septiembre del cuarenta y siete.
—De mil novecientos cuarenta y siete.
—Y, sí; no podría ser de mil ochocientos cuarenta y siete —repliqué bastante amoscado.
—¿Cuántas letras tiene su nombre? —insistió el numerólogo sin acusar recibo.
—Seis.
—¿Y su apellido?
—Nueve.
—Multiplique 28.091.947 por 69.
—Eso da... 1.938.344.343.
—Son sus segundos de vida. Algo más de sesenta y un años.
—¡Imposible! Si fuera así significa que morí hace... unos cinco años.
—¿Y quién le asegura que no ha sido así?

98 - Roles invertidos - Sergio Gaut vel Hartman

—Ya que mi problema no tiene solución —dijo Gregor Samsa apoyado en uno de sus codos —dejaré esta terapia y empezaré un taller literario.
Kafka golpeó la pipa contra el borde de una maceta de cerámica que le había regalado Einstein y se empujó los anteojos usando el dedo índice. —Usted introyecta un deseo infantil para luego sublimarlo cucarachilmente —explicó el terapeuta.
—Me he transformado en escarabajo, doctor, no en cucaracha. Su percepción de mi problema es pobre. ¿Por qué no se dedica a la literatura? Es un territorio menos exigente, más ambiguo.
—Yo quería ser entomólogo —sollozó Kafka.

97 - Insistente - Sergio Gaut vel Hartman

—¿En cuánto tiempo escribe una microficción?
—Lo que demora el ómnibus desde mi casa al estudio.
—¿En cuánto tiempo se lee?
—La mitad del tiempo que tarda en escribirse.
—¿Y durante cuánto tiempo se disfruta?
—No se disfruta, se padece, en especial si usted es un personaje preguntón y fastidioso y el escritor da un giro para deslizarse hacia la tragedia cuando lo elimina clavándole un cuchillo en la carótida.
—Los personajes no tenémos carótida, no podemos desangrarnos.
—¡Cállese! Eso lo decide el escritor. Y usted, a partir de este momento, tiene carótida... y yo tengo cuchillo.

96 - Derrumbe - Silvia Milos

Cuando la gran ola vino llenó de polvo el edificio. Cayó sobre los cuartos y cubrió los pasillos hasta sepultarlos. Puso una sábana sucia sobre la gente y persiguió a los que tenían vida. Estábamos bajando y la escuchábamos; era un infierno. Estábamos bajando, el ascensor se detuvo, y nos miramos, como si fuéramos niños. Corrimos hasta encontrarnos en un abrazo, y así esperarla a que nos alcanzara con sus uñas de piedra. Cuando la gran ola llegó al fin, nos quiso separar, pero no pudo. Y, terca, nos llevó juntos. Nosotros, que ni nos conocíamos.

95 - No hay peor sordo - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Se dedica a la música aunque es sordo?
—¿Qué dice? Soy sordo; no le oigo.
—Es lo que le digo: usted es sordo.
—Es inútil, señor Freud; creo que no podrá ayudarme porque no oigo lo que me dice.
—Se confunde, señor Beethoven; no soy Freud, soy Borges, el escritor. —Y para estar seguro de que su interlocutor lo entiende, garabatea en su tarjeta: “no soy Freud; soy Jorge Luis Borges, el escritor”.
—Usted está confundido —dice el sordo—; yo no soy Beethoven sino Silvio Berlusconi, el intérprete de las más bellas canciones románticas.

94 - Dioses modernos - Sergio Gaut vel Hartman

—Mire qué maravilla —dijo Odin señalando la vasta extensión alambrada que contenía barracas, hornos crematorios y cámaras de gas—. Esta tecnología nos habría ahorrado un montón de batallas, pendencias y traiciones.
—¿Le parece? —Zeus leyó el cartel que decía “El trabajo te hará libre”—. Más bien parece un complejo industrial.
—Sí —suspiró el nórdico a punto de perder la paciencia—. Aquí se fabrican los truenos de la Sexta de Beethoven y el galope de los caballos de las valkirias de Wagner.
—¿No me diga? Es que tengo tan poco oído musical

93 - Inseguridad - Héctor Ranea

—¡Abrí un texto, ya!
—No acepto —dije—. ¡Máteme si quiere!
Me había amenazado de muerte varias veces.
—¡Será aún mejor que matarte, pelafustán!
Alarmado por el uso de semejante palabra, le prometí que abriría un texto nuevo, pero en realidad, aproveché su ignorancia y apagué la laptop. El tipo seguía ahí. Yo no lo podía creer, pero seguía firme y demandante.
A decir verdad, por primera vez un personaje de mis cuentos permanecía dentro de mí después de apagar la computadora. Cerré mis ojos. El resplandor del disparo me encegueció. Literariamente, digo.

92 - Espacio Vectorial - Christian Lisboa

X se desplazaba desde A hacia B con aire distraído, al mismo tiempo que Y se dirigía en sentido contrario, de B hacia A, atrasado y ansioso. Simultáneamente, Z partía desde el punto C hacia D en una trayectoria que intersectaba la recta A-B, con los sentidos alterados por una dosis extra de K. La suma de factores distracción, ansiedad y alteración fue la causa de un impacto triple en el cruce de las dos rectas. En el hospital aún intentan separar miembros y órganos que pertenecieron a X, Y, y Z.

91 - El espejo del baño - Virginia Cortes

—¿Quién es ese del espejo del baño? Me observa con malicia cada mañana. Descalifica notablemente cómo me cepillo los dientes. Sacude su bigote desaprobatoriamente si intento maquillarme de manera llamativa. Babea libidinosamente cuando salgo de la ducha. Jamás replica mis gestos. A veces ya está allí cuando yo entro al baño y otras ni aparece. Resuélvame este entuerto, ¡por favor!
—Ya le dije un millón de veces que en el baño no hay ningún espejo.
—¡A mí no me dijo nada usted! ¡Es la primera vez que llamo a esta inmobiliaria!

90 - Ochenta - Sergio Gaut vel Hartman

Una mujer de setenta años lee una novela en la que una mujer de sesenta años engaña a su marido de cincuenta años con un repartidor de pizzas de cuarenta años. En la página treinta, sin embargo, una banda de veinte pandilleros asalta a la mujer y la hiere en diez lugares diferentes del cuerpo y la deja tendida en la calle. Los paramédicos deciden que las posibilidades de supervivencia de la mujer son cercanas a cero, por lo que la lectora cierra el libro y se va a dormir.

89 - El verdadero fin del mundo - Sergio Gaut vel Hartman

El verdadero fin del mundo no se produjo por una lluvia de asteroides gigantes, por un terremoto grado diez en la escala de Richter que rajó la Tierra de lado a lado, por el envenenamiento de los océanos, por la fusión de los casquetes polares y la consiguiente inundación, por la evaporación de los mares o por un huracán venido del espacio. Nada de eso. El fin del mundo se produjo, tal como vaticinaron los mayas, el día que se cayeron (al mismo tiempo) Facebook, Hotmail, Twitter y Google.

88 - Inadvertidamente - Sergio Gaut vel Hartman

El microcuentista escribía sus ficciones en servilletas de papel, en el teléfono móvil, en los azulejos del baño. Pero el desdichado ignoraba que así como sus borradores tenían destino de nada, de vacío, su propia vida, un borrador más patético todavía, pergeñado por el peor chapucero, creador de las galaxias y los paramecios, termina en este mismo momento, cuando se desliza de la carpeta que lo contiene y es arrastrado por una corriente, se precipita en un agujero negro y es deglutido sin miramientos por una rata cósmica.

87 - Vacío perfecto - Sergio Gaut vel Hartman

Contemplé a la solipsita que escribía sus habituales futilidades flotando sobre una masa de frases vacías. Cosas como: “Mi espíritu despojado de carne y transido por la pena deja su estela sobre las olas del mar”.
—¡No resisto más! —exclamé alzando los ojos al cielo. Entonces Iduastep, el dios de los solipsitas, se apiadó de mí y abdujo a la pecadora, pero lo hizo con tanta torpeza que sus palabras obvias y vacías siguieron contaminando la atmósfera y la vida en nuestro planeta se extinguió para siempre.

86 - La sombra sobre Upstown - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Usted sabe qué es el bruxismo?
—Es el hábito involuntario de rechinar los dientes sin motivo. ¿Por qué?
—Es una palabra que quedó tintineando en mi mente. Me gustaría usarla en una ficción.
—¿Seguro? ¿Qué es lo que está masticando?
—El miedo que usted me infunde, abominable ser lovecraftiano.
—¡Maldición! ¿Cómo se dio cuenta?
—¿Qué otra cosa puede ser una criatura de pesadilla como usted, engendro execrable?
—¡No me haga reír! Usted no llega a los tobillos del maestro.
—Pero logré escribir una microficción con bruxismo...

85 - Intervalo - Héctor Ranea

El que estaba en mi baño esa noche me miró desolado, como si lo hubiera pescado en falta. Pero pasé a través de él como si no existiera ya que iba, después de todo, a mear, no a confesar fantasmas. Él gesticulaba como si lo estuviese mojando, enojado, asustado. No hice caso. Tenía que volver a dormir y los fantasmas, a esa hora, me resultan aburridos. A la mañana siguiente llegué tarde al trabajo: había muerto. El presunto fantasma, supe después, era mi hermano vivo.

84 - Doblete - Sergio Gaut vel Hartman

—¿En qué puedo ayudarla? —dijo el doctor Freud franqueando el paso de la joven a su consultorio.
—Soy Greta Samsa, la hermana de Gregor.
—Ajá —comentó el famoso psicoanalista que no tenía la menor noticia de la existencia de una familia Samsa en Viena.
—Lucho contra la fuerte atracción que siento por mi hermano —agregó Greta sin rodeos.
—Ah, pulsiones incestuosas. Podemos tratar eso.
—No es tan simple, doctor Freud —refutó la joven—; me tendrá que tratar por incesto y zoofilia al mismo tiempo.

83 - El duende - Sergio Gaut Vel Hartman

—Hoy hacen descuentos de hasta el 40% con la tarjeta Descuencard en indumentaria femenina, querido —dijo la mujer mirando anhelante a su esposo—. Y un 25% pagando los electrodomésticos con débito del Banco Galaxy. Las alfombras están dos por uno con Miticard y en sillones de jardín hasta...
—¡Basta! ¿Adónde es ese aquelarre?
—En el shopping Central, por supuesto.
—Vas a reventar la tarjeta comprando todo eso. Hasta un duende tuerto y cojo, te vas a comprar.
—No, tonto, los duendes no existen.

82 - Dos estaciones - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Verano conoce a Invierno y se hacen amigos, van de noche a los museos, comparten el café con churros y discuten de cine y libros —a veces airados—, ríen por nimiedades. Tienen hábitos que no rompen, códigos secretos que sólo ellos conocen y reconocen; pero un día todo termina. Verano conoce a una mujer de nombre floral: ella lo absorbe y lo chupa. Una tarde Invierno sale a dar un paseo y se encuentra con los huesos viejos y cenizos de Verano.

81 - Cuento absurdo y futbolero - Sergio Gaut vel Hartman

Ubaldino Casinada consideró que el método que había elegido para suicidarse resultaría infalible: se puso la camiseta de River, se mezcló con la barra brava de Boca y se pinzó la nariz con dos dedos en el momento en que los de la banda roja convirtieron el único gol del partido, en tiempo de descuento. Pero se equivocó. No me pregunten en qué se equivocó porque no lo sé. Lo único que puedo decirles es que regresó a su casa ileso.

80 - Opiniones acerca del colapso global - Sergio Gaut vel Hartman

—Un colapso global —dijo Clarke—; es una crisis que marcará el fin de la infancia de la humanidad.
—No —replicó Lem—. Es un fiasco, un vacío perfecto, un valor imaginario.
—Un colapso global —reflexionó Dick—, es un laberinto mortal, la divina invasión de los seres de Frolik 8 que esperábamos desde que el gran profeta Blodmooney pronunció la penúltima verdad.
—Están equivocados, todos —refutó Sturgeon—. El hombre, a partir del colapso global será más que humano.

79 - Náufragos - Sergio Gaut vel Hartman

—Defoe era un imbécil. Ese Viernes

—A mí ni siquiera eso. Homero me hizo naufragar con cerdos, con brujas, con gigantes de un solo ojo

—¿Ustedes se quejan? ¿Por qué no repasan lo que pergeñó Swift?
—Muchachos, muchachos. Yo tenía una pelota por única compañía. Pero no reneguemos de nuestros creadores. Vivamos el presente y agradezcamos que esta vez estamos todos juntos en una isla y que podemos jugar nuestras partidas de póker sin interferencias. Abro con cien mil

78 - Los Enjambres del Insomnio - Virginia Cortés

Ahí vienen de nuevo. Siento sus patitas, minúsculas e invisibles, subiendo por mi pierna derecha. Pronto los zumbidos falaces me colman la mente. Cantidad de aguijones fantásticos comienzan a clavarse en mis manos estáticas. Esperan a ese momento entre el sueño y la vigilia en el que mi cerebro no logra comandar a mi cuerpo. Sé que son imaginarios, por lo que nada puede defenderme de ellos. Cuando la picazón se vuelve insoportable acabo de despertar. Así trabajan.

77 - Buenas Noches - Virginia Cortes

Arropo a mi tierna hija y le beso la frente al acostarla. Ella me pide, atribulada, que me fije que no haya monstruos debajo de su cama. “No hay nada, mi amor” le aseguro mientras miro rápidamente. Más tranquila, alarga uno de sus bellos tentáculos violáceos y se lleva a la boquita principal medio ratón acaramelado que había dejado a medio comer. Le diría algo, pero a mí también me da por comer dulces antes de dormirme.

76 - El valor de un alma - Fernando Andrés Puga

Cuando en medio del desierto escuchó semejante oferta, no dudó. Con lo que ese loco disfrazado de rojo y con cuernos le ofrecía, podía financiar con creces la revolución que venía pergeñando y llevar a la humanidad a un estadio de mayor felicidad. Después de todo el nunca creyó tener una, así que nada perdería en la transacción.
Al morir, lo declararon santo. Es más, dio nacimiento a una nueva religión que perdura hasta nuestros días.

75 - Otros hermanos - Sergio Gaut vel Hartman

Muy pocos saben que, en paralelo con la carrera de los hermanos Marx, hubo otros hermanos que probaron suerte en las tablas de Broadway y llegaron a filmar tres películas caseras: Guiso de conejo, Una noche en la morgue y Perdidos en el loquero. Sin embargo, por errores del representante, escasez de carisma o simplemente falta de talento, los hermanos Engels no alcanzaron siquiera a ser conocidos fuera de su lugar natal, Raleigh, North Carolina.

74 - Susurros - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Alma creyó escuchar algo: un rumor proveniente del jardín. Se estremeció y cerró la ventana. El sonido volvió, ahora dentro de la casa. Alma escuchó con atención, el sonido provenía de su recamara; ella entró sigilosa y acercó su oído a la pared. Era un susurro, una serie de palabras inconexas que tomaron sentido, decían algo muy íntimo para Alma. Ella lloró toda la noche, ajena ya a las palabras que su casa susurraba.

73 - Omisión fatal - Sergio Gaut vel Hartman

Asistió a una de las veladas literarias de la profesora Lilita Carreta con la serena convicción de que sería la estrella de la noche. Pero leyeron ficciones de Galeano, Arreola, Ranea, Monterroso, de la Serna, Frini, Hemingway, Carrillo, Lagmanovich, Ramos Signes, Avilés Fabila, Brasca, Shua, Perone y Bernal, pero a él, Amadeo Meteosat, el humilde personaje de "Ferrari a toda marcha", una microficción de 149 palabras pergeñada por Brian Taylor, ni lo nombraron.

72 - Marte - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El polvo marciano se levantó por la pisada del primer astronauta. Millones de personas seguían la transmisión del acontecimiento por YouTube. Piedras rojizas eran el telón de fondo de los primeros exploradores. La transmisión finalizó y las personas retomaron sus actividades cotidianas. El primer astronauta en Marte dejó de ser trending topic en las redes sociales y Marte volvió a ser un lucero más en el contaminado cielo nocturno de la Tierra.

71 - La cucaracha - Fernando Andrés Puga

La roca ígnea que cayó del cielo no para de latir. Está a punto de estallar en mil pedazos. No tengo que distraerme. No debo quitarle los ojos de encima. Por nada del mundo quiero perderme los enormes fuegos de artificio que saldrán de su interior. Tengo datos precisos: precederán al último día y nadie quedará sobre la Tierra para contarlo, salvo yo, claro, que no pienso salir de mi escondite.

70 - Fiel compañero - Nélida Magdalena Gonzalez

La bruja preparó un brebaje para que Juana encuentre a su verdadero amor. La mujer, no confiaba demasiado, pero con su edad avanzada muchas posibilidades no tenía. Lo bebió mientras pensaba en un compañero ideal. Días después, llegó a su casa un hombre y le dio una caja. Ella lo miró entusiasmada, él le dio las espaldas y se fue. Juana abrió la caja, dentro de ella había un perrito.

69 - Accidente sorpresivo - Sergio Gaut vel Hartman

Estaba en la cama con Teodolinda Yerbatal, la mujer de su mejor amigo, Asís Cervera Vascularini, cuando se abrió la puerta y apareció el susodicho ACV. Le habían dicho que ACV asaltaba por sorpresa los hoteles alojamiento, ya que sospechaba que su esposa le era consuetudinariamente infiel. Pero eso no era todo: el maldito lo estaba apuntando con una Browning, dispuesto a resolver el asunto del peor modo posible.

68 - Vocación irrenunciable - Sergio Gaut vel Hartman

Siempre quiso viajar al espacio, por lo que se preparó desde niño para ser astronauta. Por ello renunció a los juegos de la infancia, a los excitantes tumultos de la adolescencia, a las delicias del amor juvenil. Decidió no formar pareja ni tener hijos. Pero finalmente lo logró.
—Es tu turno —le dijo el jefe del programa—. Te vamos a mandar al espacio.
Lo enviaron al espacio publicitario.

67 - Una nota en la puerta cancel - Fernando Andrés Puga

"Disculpame, por favor. No te merezco. No he sabido cuidarte ni he sabido apreciar tus bondades. Tu amplitud, tu luminosidad, la elegancia de tus formas clásicas. No estuve a tu altura ni un instante y terminé convirtiéndote en esta pocilga en la que ya ni ratas hay. Prefiero abandonarte antes de que te me vengas encima. Ellos prometieron no demolerte y espero que cumplan su palabra. Adiós".


66 - El pozo - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Había en el pueblo un profundo pozo. Se decía que era una puerta al infierno. Un día un niño travieso cayó en el pozo, no se recuperó su cuerpo. Los funerales del niño duraron tres días, al cuarto día se presentó un anciano en el pueblo. Buscó a la inconsolable madre del niño, le dio un abrazo y le dijo: —No sufra más, madre, he vuelto.

65 - Un hilo invisible que viene desde el fondo de los tiempos - Fernando Andrés Puga

—¡Basta, por favor! — gritó fuera de sí el aprendiz, abrumado por el ritmo febril del maestro.
—Pero m'ijito, es que no puedo parar. Si me detengo el hilo desaparecerá sin pena ni gloria. ¿No ve cómo merma la producción día a día? No me abandone, por favor. Usted es mi última esperanza.
Resignado, el pequeño escriba regresó al teclado. Algo se le tenía que ocurrir.

64 - El aspirante a santo - José Manuel Ortiz Soto

Las deplorables condiciones en que el Cielo se encontraba le dejaron bien claro por qué, a últimas fechas, no se tenían noticias de un solo milagro. ¡Y pensar que aún lo promocionan como la mejor opción para vivir la eternidad!, se dijo decepcionado.
Luego de una reverencia en la que depuso toda aspiración divina, el discípulo fue al Infierno a ofertar su devaluada santidad.

63 - Muy, muy por debajo de la tierra roja (El constructor) - Raquel Sequeiro

Encontramos un buen puñado de hormigas. Mi hermano nunca había visto un hormiguero. Decidimos construír uno en el jardín para nosotros y Ariadna, mi perra. Ella excava y nosotros comemos tierra. Puede que te extrañe porque tú construyes casas en los árboles. Vale. Y es que nosotros somos de Marte, constructor.
—Mírale. Tiene los ojos negros.
Vimos asomar el hocico por el agujero.

62 - Un minero creativo - Sergio Gaut vel Hartman

Indalecio Torres es un autor prolífico: escribe una novela completa en cada viaje que hace desde su casa al trabajo y otra cuando regresa del trabajo a casa. No, no estoy hablando de Superman o Flashman. Indalecio, picador de rubeolita, vive en Bella Vista, provincia de Buenos Aires, y trabaja en el yacimiento minero de Puerto Bradbury, cerca de Syrtis Major, Marte.

61 - Tristeza Calendaria - Virginia Cortes

Los lunes gozan de mala fama. Los viernes son los favoritos. Los miércoles el cine cuesta la mitad. Los jueves son la previa del viernes, el día en que la gente sabe que ya pasó la cuesta de la semana. ¿Y los martes? Ahí vamos por el almanaque, totalmente ignorados, soñando con caer en 13 para llamar un poco la atención.

60 - Identidad - Héctor Ranea

Tengo más barba que mi vecino, más canas que mi hermano, menos grasa que mi tío, más huesos que un balón de fútbol, más caras que un dado, menos dedos que un guante de madera, más canillas que la ducha de un baño de camioneros, más silencio que un ataúd y menos espuma que una ola. ¿Qué soy? ¡Ojalá supiera!

59 -Superación personal- José Manuel Ortiz Soto

Perdidos entre los pliegues del tiempo quedaron los sueños de joven e impetuoso poeta. Tras el éxito comercial alcanzado por su nuevo libro, anunció que nunca volvería escribir poemas. La musa se presentó en su nuevo y lujoso apartamento y, sin mediar palabra, le cortó las manos. Ya no las necesitas, le dijo llorando. Luego saltó por la ventana.

58 - Música en libertad - Sergio Fabián Salinas Sixtos

La música envuelve la habitación, cierra los ojos y con deleite se transporta más allá de las estrellas al compás del Capricho No. 24 de Paganini; respira hondo y se deja arrastrar por la cadencia del sonido. La pieza maestra ha concluido, las luces se encienden y el prisionero es conducido al cadalso después de vivir en libertad.

57 - Monstruo - Fernando Andrés Puga

—¿Quién anda ahí? —tartamudeó dudando entre acercarse o no—. ¡Vamos! ¡Salí te digo! —y los ojos se le comenzaban a empañar al notar que la sombra crecía detrás de la cortina.
¡Uy! ¡Pobrecito! Será mejor que me vaya. Hoy tampoco parece ser el día propicio para darme a conocer. ¿Es que nunca llegará el momento oportuno?

56 - Orden en la sala - Virginia Cortés

—Se me acusa de haber matado a la reina, que soy yo, y me encuentro en perfecto estado de salud. ¡Entonces no comprendo qué juicio delirante del país de las Maravillas es este! —bramó incrédula, al borde de la histeria, acomodándose la corona y limpiándose los restos de sangre de sus manos niñas en el delantal.

55 - Encallada - Virginia Cortes

Arrastró su inútil cuerpo por la arena hasta que los músculos ya no le respondieron. Creyó que había aprendido la lección. “Quiero estar allá afuera, poder respirar oxígeno y conservar mi voz” le había precisado a la bruja del mar. El príncipe compadecido mandó a matar a la extraña ballena que cantaba como una sirena.

54 - ¡Tierra! - Fernando Andrés Puga

Como su comportamiento era insoportable, lo mandamos al carajo. Nunca imaginamos que sería justamente Rodrigo quien gritaría desde allá arriba dándonos la buena nueva. Por desgracia lo único que pudo fue verla a la distancia. Cuando al fin desembarcamos ya había sido alimento de las estúpidas gaviotas que nos acompañaban desde Puerto de Palos.

53 - Ruleta - José Manuel Ortiz Soto

Después de los sucesos que dieron fama a Hamelin, sus leyes son estrictas e inflexibles. Por ejemplo, matar un gato se castiga con la horca. A pesar de esto, los asesinos de gatos proliferan entre los amantes a los juegos de azar, que apuestan a que el animal no curse su séptima vida.

52 - PC para llave, llave para PC - Héctor Ranea

Encontré las llaves, como me dijo el dueño del bar, buscando bien en mi memoria. La desmantelé, la abrí con todo cuidado, la revisé palabra por palabra: las llaves estaban ahí. Ahora no recuerdo para qué sirven. No hay que creer en los dueños de bar, no saben qué son las memorias.

51 - El muerto del cuartel - Héctor Ranea

El centinela abrió fuego. No mató a nadie pues las llamas que ardieron a su lado fueron gráciles, gigantes, grotescas. En el medio de la noche, y al abrirlas, vio el dominio de la muerte que estaba dentro. Por eso el fuego no mató a nadie. Ya estaba muerto cuando entró.

50 - Coulrofobia - Luciano Doti

Cuando su alma recién creada flotaba en el éter, había visto de lejos a un demonio. Desde entonces, el recuerdo de su rostro había quedado grabado en su conciencia.
Ya encarnado en un ser terrenal, siendo niño, fue a un cumpleaños, y al ver el rostro del payaso, se estremeció.

49 - Consuelo - Fernando Andrés Puga

Ante la imposibilidad de volcar en el papel algo que valga la pena, me zambullo en el Candy Crash. Espero que cuando alcance el nivel 150 cambie la situación. Si no, al menos por un rato, habré superado a Sergio, que es todo un experto en este maldito juego.

48 - En el medio del Sahara - Virginia Cortes

Arrastró su inútil cuerpo por la arena hasta que los músculos ya no le respondieron. Creyó que había aprendido la lección. “Quiero estar allá afuera, poder respirar oxígeno, conservar mi voz y mi forma humana” le había precisado a la bruja del mar. Ni príncipes alrededor.

47 - En los últimos años - Virginia Cortes

Arrastró su inútil cuerpo por la arena hasta que los músculos ya no le respondieron. Creyó que había aprendido la lección. “Quiero estar donde el príncipe, respirar oxígeno, conservar mi voz y mi forma humana”. El príncipe la amó al verla. La anciana cantaba como un ángel.

46 - Así le hablaba el enano Grumpy a Blancanieves - Daniel Frini

—Acá donde me ve yo supe medir dos metros quince. Nosotros —y señaló con su mano a los otros enanos— éramos parte del equipo de básquet de Lohr. La muy guacha de su madrastra no nos perdonó que perdiéramos la final del Campeonato Regional de Baviera.

45 - El brindador - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Usted de qué trabaja?
—De brindador.
—¿De brindador? ¿Y en qué consiste?
—Voy a las celebraciones y hago brindis ingeniosos y floridos.
—¡Qué interesante! ¿Y rinde ser brindador?, económicamente, digo.
—No, para nada, pero me permite estar borracho todo el tiempo, gratis y sin culpa.

44 - La exhibición - José Antonio Iñiguez Narváez

Cuando él abrió la puerta de la habitación, la vio semidesnuda, recostada en la cama, con la boca abierta despidiendo un rancio olor a alcohol y murmurando un nombre apenas entendible. Para él, esa fue la primera vez que creyó verse en el espejo.

43 - Desperfecto - Sergio Gaut vel Hartman

La tomografía computada y el electroencefalograma no revelaron ningún trastorno cerebral en Epifanio Temporale, pero el médico, que conocía al enfermo desde que fueran compañeros en la agrupación scout Cruz Gamada, advirtió que el liliputiense que manipulaba los controles se había vuelto loco.

42 - Martes 13 - Luciano Doti

La fecha lo hizo pensar mientras cruzaba la calle: "Yo no creo en eso del martes 13, es una superstición..."
Absorto en su pensamiento, no vio el auto que se acercaba a gran velocidad.
Cuando despertó en el hospital, era miércoles 14.

41 - Vuelta de tuerca - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Un espectro asola al escritor, entre gritos y apariciones repentinas. El autor cansado de la vida miserable a la que es sometido por el espíritu decide escribir un cuento breve y terrorífico; ahora el fantasma aterra a los personajes del cuento.

40 - Horca - Silvia Milos

—Soy un especialista —dijo. Y miró la sombra que proyectaban sus pies al ras del suelo—. Puedo dibujar en el aire, balancear mi cabeza hasta que se caiga y dejar mis brazos desprendidos colgando de la ropa. Soy un colgado.

39 - Un estilo definido - Sergio Gaut vel Hartman

—Yo escribo cuentos dietéticos —le dije orgulloso a mi alumno preferido.
—¿Cómo es eso? —respondió él sin reprimir cierto tono burlón.
—En ellos jamás aparecen las palabras “colesterol”, “triglicéridos”, “sedentarismo” y mucho menos las tortas de la tía Clara...

38 - Perspectiva - Virginia Cortes

—María Natalia, ¡cierre la ventana por favor! ¿No ve que hace un frío de morirse? —me dice mi vecino con fuerte acento y cierta impaciencia. Cree que soy yo quien está del lado de afuera de su casa.

37 - Incertidumbre Amorosa - Virginia Cortes

—¿Pero estás bien conmigo?
—Bueno, creo que sí, aunque a la vez no sé si tanto.
—Yo siento que estás acá pero que no estás, ¿Me entendés? ¿Cómo te explico?
—¿Te traigo un gato y el pizarrón?

36 - A punto de despegar - Fernando Andrés Puga

—Falta poco.
—¿Para qué?
—Para que acabe la cuenta regresiva.
—¿Y en qué dirección cree usted que saldremos disparados? Si se puede saber.
—No lo sé, pero siempre es mejor que quedarse quieto ¿no le parece?

35 - Teoría - José Antonio Iñiguez Narváez

Por obra de un accidente, el Primer Hombre conoció el fuego y la Muerte, así también, no tardaría el Primer hombre en aquella noche larga y confortable, en conocer el idioma con un simple bostezo.

34 - Brindis final - Sergio Gaut vel Hartman

El hombre alza la copa y dice:
—Brindo por el futuro de todos los que tienen futuro. —Acto seguido ajusta la cuerda a su cuello y patea el banquito al que se había trepado.



33 - Rarezas - Serafín Gimeno

Un día brotó de mi culo un ramo de crisantemos, primero pensé que era cosa de mi flora intestinal; pero después descubrí que alguien se había adelantado a la redacción de mi obituario.

32 - Mal parido - Sergio Gaut Vel Hartman

Plantó un hijo que no floreció; tuvo un libro que no supo leer; escribió un árbol y lo llevaron preso por vandalismo. Empezó a sospechar que le habían dado mal las instrucciones.

31- No digas después que no te avisé - Fernando Andrés Puga

—¿Queeeé? —gritó por enésima vez Romeo, ensordecido por el paso del tren.
Cuando oyó, fue tarde. Julieta ya había cambiado la cerradura y estaba tirando por el balcón todas sus pertenencias.

30 - Espejismo - Nerina Panella

Ni el rojo de sus labios, ni el perfume a fresias de su colorida vestimenta; anunciaron el trágico final que se escurría a traves del hilo carmesí de su muñeca.

29 - Breve historia de la locura - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Nabucodonosor II el Constructor, al darse cuenta de que cierto conocimiento arcano escapaba a su percepción, incendió la biblioteca de Babilonia, celoso de los pensamientos secretos que la habitaban.

28 - Conciencia de palabras - Sergio Fabián Salinas Sixtos

—Escribe un palíndromo.
Ella escribió: “Alá ata seres sosos y acurruca”.
—Eso no es un palíndromo.
—Claro que no lo es; es un palíndromo con alma de bifronte.

27 - La conformidad del hombre - Cristian Cano

Vociferaba en todo el mundo. Decía que los cotejaba un sólo espíritu y que le había llegado al alma. Nunca supo que ella fue una atea acérrima.

26 - No hay peor ciego... - Virginia Cortes

Soy ciega de nacimiento. Percibo luz y sombra, que no es poco; por lo que escucho, la mayoría de los videntes parecen percibir sólo lo segundo.

25 - Testigo - María del Pilar Jorge

Desorden, destrozos y un oscuro abandono. El único testigo es un espejo roto, que repite en sus mil fragmentos, imágenes truncas de un cuerpo ensangrentado.

24 - Extravíos - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Me puede decir si por este camino llego a la boca?
—¿A la Boca? Está cerca. Siga derecho doscientos metros. ¿Turista?
—No, bala perdida.

23 - Efectos colaterales de la Creación - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Y qué pensaste al pronunciar esas tres maravillosas palabras, ¡hágase la luz!
—Pensé en la cuenta que tendría que pagar al mes siguiente.

22 - Conflicto interno - José Antonio Iñiguez Narváez

Acabada una página, supo el Escritor de inmediato, que el conflicto del personaje consistiría también en encontrarle al cuento un final digno.

21 - Las cosas por su nombre - Sergio Gaut vel Hartman

Si las cucarachas fueran la especie dominante del planeta Tierra, los seres humanos correríamos por los zócalos perseguidos por muchísimas chancletas.

20 - La princesa y el sapo - Nerina Panella

Fueron los golpes de su puño los que borraron de su memoria el amor, condenándolo a la categoría de anfibio.

19 - Delirios de robot - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El último robot que soñó despertó con mal aliento y con unas ganas terribles de formatear esos horribles recuerdos.

18 - Compañeras de dolor - José Manuel Ortiz Soto

Mi vida tampoco ha sido fácil, dijo la primera piedra, cayendo a los pies de la mujer lapidada.

17 - Bienaventuranzas XII - Daniel Frini

Felices los que están en el cadalso, al lado del verdugo, porque tienen asegurado su futuro inmediato.

16 - ¿Seguro? - Fernando Andrés Puga

Aunque llevaba puestos los guantes de látex, lo repasó todo antes de salir. Nunca se sabe.

15 - Intento de escritora - Nélida Magdalena Gonzalez

Colocaba palabras que escuchaba, en una cesta de mimbre. Luego las desparramaba sobre papeles blancos.

14 - ¡Magia! - Fernando Andrés Puga

—Los cerrás y el mundo desaparece ¿viste? —exclamó Facu con los ojos bien abiertos.

13 - Juicio - Sergio Fabián Salinas Sixtos

La profecía tenía trece palabras, ellos no hicieron caso; entonces los demonios aparecieron.

12 - Frente al espejo - José Antonio Iñiguez Narváez

Todavía la "O" añora aquellos días en que fue un "8" esbelto.

11 - Contemplación Adicional de Shrödinger - Virginia Cortes

—¿Estás vivo o no? ¡Maullame algo! No serás mudo vos, ¿no?

10 - Duda I - Daniel Frini

Dígame: la curiosidad ¿mató o no al gato de Schrödinger?

9 - Epitafio - Sergio Gaut vel Hartman

Finalmente he podido tomarme unas largas y merecidas vacaciones.

8 - Aborto - Nerina Panella

El fiscal no llegó a defender al condenado.

7 - Hipocresía - Ana Caliyuri

Caminaba cabizbajo, necesitaba sostener la máscara diaria.

6 - El creador decide pergeñar un universo de seis palabras y lo consigue - Sergio Gaut vel Hartman

—¡Hágase la ficción! —Y se hizo.

5 - Puente - Cristian Cano

Escribo para desenterrar situaciones muertas.

4 - Infidelidad - Fernando Andrés Puga

—¡Alégrate! No es contagioso.

3 - Punta de lanza - Cristian Cano

Escribo para conocerme.

2 - Pena de muerte - Caro Fernández

Sí, quiero.

1 - Soy - Cristian Cano

Escribo.

0 - Opinión pública - Caro Helga Fernández