jueves, 15 de agosto de 2013

Cuenta regresiva especial de 100 entradas N° 1


99 - Una sesión de numerología - Sergio Gaut vel Hartman

—Los números gobiernan todo lo que existe —dijo el numerólogo muy convencido—. Dígame su fecha de nacimiento.
—Veintiocho de septiembre del cuarenta y siete.
—De mil novecientos cuarenta y siete.
—Y, sí; no podría ser de mil ochocientos cuarenta y siete —repliqué bastante amoscado.
—¿Cuántas letras tiene su nombre? —insistió el numerólogo sin acusar recibo.
—Seis.
—¿Y su apellido?
—Nueve.
—Multiplique 28.091.947 por 69.
—Eso da... 1.938.344.343.
—Son sus segundos de vida. Algo más de sesenta y un años.
—¡Imposible! Si fuera así significa que morí hace... unos cinco años.
—¿Y quién le asegura que no ha sido así?

98 - Roles invertidos - Sergio Gaut vel Hartman

—Ya que mi problema no tiene solución —dijo Gregor Samsa apoyado en uno de sus codos —dejaré esta terapia y empezaré un taller literario.
Kafka golpeó la pipa contra el borde de una maceta de cerámica que le había regalado Einstein y se empujó los anteojos usando el dedo índice. —Usted introyecta un deseo infantil para luego sublimarlo cucarachilmente —explicó el terapeuta.
—Me he transformado en escarabajo, doctor, no en cucaracha. Su percepción de mi problema es pobre. ¿Por qué no se dedica a la literatura? Es un territorio menos exigente, más ambiguo.
—Yo quería ser entomólogo —sollozó Kafka.

97 - Insistente - Sergio Gaut vel Hartman

—¿En cuánto tiempo escribe una microficción?
—Lo que demora el ómnibus desde mi casa al estudio.
—¿En cuánto tiempo se lee?
—La mitad del tiempo que tarda en escribirse.
—¿Y durante cuánto tiempo se disfruta?
—No se disfruta, se padece, en especial si usted es un personaje preguntón y fastidioso y el escritor da un giro para deslizarse hacia la tragedia cuando lo elimina clavándole un cuchillo en la carótida.
—Los personajes no tenémos carótida, no podemos desangrarnos.
—¡Cállese! Eso lo decide el escritor. Y usted, a partir de este momento, tiene carótida... y yo tengo cuchillo.

96 - Derrumbe - Silvia Milos

Cuando la gran ola vino llenó de polvo el edificio. Cayó sobre los cuartos y cubrió los pasillos hasta sepultarlos. Puso una sábana sucia sobre la gente y persiguió a los que tenían vida. Estábamos bajando y la escuchábamos; era un infierno. Estábamos bajando, el ascensor se detuvo, y nos miramos, como si fuéramos niños. Corrimos hasta encontrarnos en un abrazo, y así esperarla a que nos alcanzara con sus uñas de piedra. Cuando la gran ola llegó al fin, nos quiso separar, pero no pudo. Y, terca, nos llevó juntos. Nosotros, que ni nos conocíamos.

95 - No hay peor sordo - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Se dedica a la música aunque es sordo?
—¿Qué dice? Soy sordo; no le oigo.
—Es lo que le digo: usted es sordo.
—Es inútil, señor Freud; creo que no podrá ayudarme porque no oigo lo que me dice.
—Se confunde, señor Beethoven; no soy Freud, soy Borges, el escritor. —Y para estar seguro de que su interlocutor lo entiende, garabatea en su tarjeta: “no soy Freud; soy Jorge Luis Borges, el escritor”.
—Usted está confundido —dice el sordo—; yo no soy Beethoven sino Silvio Berlusconi, el intérprete de las más bellas canciones románticas.

94 - Dioses modernos - Sergio Gaut vel Hartman

—Mire qué maravilla —dijo Odin señalando la vasta extensión alambrada que contenía barracas, hornos crematorios y cámaras de gas—. Esta tecnología nos habría ahorrado un montón de batallas, pendencias y traiciones.
—¿Le parece? —Zeus leyó el cartel que decía “El trabajo te hará libre”—. Más bien parece un complejo industrial.
—Sí —suspiró el nórdico a punto de perder la paciencia—. Aquí se fabrican los truenos de la Sexta de Beethoven y el galope de los caballos de las valkirias de Wagner.
—¿No me diga? Es que tengo tan poco oído musical

93 - Inseguridad - Héctor Ranea

—¡Abrí un texto, ya!
—No acepto —dije—. ¡Máteme si quiere!
Me había amenazado de muerte varias veces.
—¡Será aún mejor que matarte, pelafustán!
Alarmado por el uso de semejante palabra, le prometí que abriría un texto nuevo, pero en realidad, aproveché su ignorancia y apagué la laptop. El tipo seguía ahí. Yo no lo podía creer, pero seguía firme y demandante.
A decir verdad, por primera vez un personaje de mis cuentos permanecía dentro de mí después de apagar la computadora. Cerré mis ojos. El resplandor del disparo me encegueció. Literariamente, digo.

92 - Espacio Vectorial - Christian Lisboa

X se desplazaba desde A hacia B con aire distraído, al mismo tiempo que Y se dirigía en sentido contrario, de B hacia A, atrasado y ansioso. Simultáneamente, Z partía desde el punto C hacia D en una trayectoria que intersectaba la recta A-B, con los sentidos alterados por una dosis extra de K. La suma de factores distracción, ansiedad y alteración fue la causa de un impacto triple en el cruce de las dos rectas. En el hospital aún intentan separar miembros y órganos que pertenecieron a X, Y, y Z.

91 - El espejo del baño - Virginia Cortes

—¿Quién es ese del espejo del baño? Me observa con malicia cada mañana. Descalifica notablemente cómo me cepillo los dientes. Sacude su bigote desaprobatoriamente si intento maquillarme de manera llamativa. Babea libidinosamente cuando salgo de la ducha. Jamás replica mis gestos. A veces ya está allí cuando yo entro al baño y otras ni aparece. Resuélvame este entuerto, ¡por favor!
—Ya le dije un millón de veces que en el baño no hay ningún espejo.
—¡A mí no me dijo nada usted! ¡Es la primera vez que llamo a esta inmobiliaria!

90 - Ochenta - Sergio Gaut vel Hartman

Una mujer de setenta años lee una novela en la que una mujer de sesenta años engaña a su marido de cincuenta años con un repartidor de pizzas de cuarenta años. En la página treinta, sin embargo, una banda de veinte pandilleros asalta a la mujer y la hiere en diez lugares diferentes del cuerpo y la deja tendida en la calle. Los paramédicos deciden que las posibilidades de supervivencia de la mujer son cercanas a cero, por lo que la lectora cierra el libro y se va a dormir.

89 - El verdadero fin del mundo - Sergio Gaut vel Hartman

El verdadero fin del mundo no se produjo por una lluvia de asteroides gigantes, por un terremoto grado diez en la escala de Richter que rajó la Tierra de lado a lado, por el envenenamiento de los océanos, por la fusión de los casquetes polares y la consiguiente inundación, por la evaporación de los mares o por un huracán venido del espacio. Nada de eso. El fin del mundo se produjo, tal como vaticinaron los mayas, el día que se cayeron (al mismo tiempo) Facebook, Hotmail, Twitter y Google.

88 - Inadvertidamente - Sergio Gaut vel Hartman

El microcuentista escribía sus ficciones en servilletas de papel, en el teléfono móvil, en los azulejos del baño. Pero el desdichado ignoraba que así como sus borradores tenían destino de nada, de vacío, su propia vida, un borrador más patético todavía, pergeñado por el peor chapucero, creador de las galaxias y los paramecios, termina en este mismo momento, cuando se desliza de la carpeta que lo contiene y es arrastrado por una corriente, se precipita en un agujero negro y es deglutido sin miramientos por una rata cósmica.

87 - Vacío perfecto - Sergio Gaut vel Hartman

Contemplé a la solipsita que escribía sus habituales futilidades flotando sobre una masa de frases vacías. Cosas como: “Mi espíritu despojado de carne y transido por la pena deja su estela sobre las olas del mar”.
—¡No resisto más! —exclamé alzando los ojos al cielo. Entonces Iduastep, el dios de los solipsitas, se apiadó de mí y abdujo a la pecadora, pero lo hizo con tanta torpeza que sus palabras obvias y vacías siguieron contaminando la atmósfera y la vida en nuestro planeta se extinguió para siempre.

86 - La sombra sobre Upstown - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Usted sabe qué es el bruxismo?
—Es el hábito involuntario de rechinar los dientes sin motivo. ¿Por qué?
—Es una palabra que quedó tintineando en mi mente. Me gustaría usarla en una ficción.
—¿Seguro? ¿Qué es lo que está masticando?
—El miedo que usted me infunde, abominable ser lovecraftiano.
—¡Maldición! ¿Cómo se dio cuenta?
—¿Qué otra cosa puede ser una criatura de pesadilla como usted, engendro execrable?
—¡No me haga reír! Usted no llega a los tobillos del maestro.
—Pero logré escribir una microficción con bruxismo...

85 - Intervalo - Héctor Ranea

El que estaba en mi baño esa noche me miró desolado, como si lo hubiera pescado en falta. Pero pasé a través de él como si no existiera ya que iba, después de todo, a mear, no a confesar fantasmas. Él gesticulaba como si lo estuviese mojando, enojado, asustado. No hice caso. Tenía que volver a dormir y los fantasmas, a esa hora, me resultan aburridos. A la mañana siguiente llegué tarde al trabajo: había muerto. El presunto fantasma, supe después, era mi hermano vivo.

84 - Doblete - Sergio Gaut vel Hartman

—¿En qué puedo ayudarla? —dijo el doctor Freud franqueando el paso de la joven a su consultorio.
—Soy Greta Samsa, la hermana de Gregor.
—Ajá —comentó el famoso psicoanalista que no tenía la menor noticia de la existencia de una familia Samsa en Viena.
—Lucho contra la fuerte atracción que siento por mi hermano —agregó Greta sin rodeos.
—Ah, pulsiones incestuosas. Podemos tratar eso.
—No es tan simple, doctor Freud —refutó la joven—; me tendrá que tratar por incesto y zoofilia al mismo tiempo.

83 - El duende - Sergio Gaut Vel Hartman

—Hoy hacen descuentos de hasta el 40% con la tarjeta Descuencard en indumentaria femenina, querido —dijo la mujer mirando anhelante a su esposo—. Y un 25% pagando los electrodomésticos con débito del Banco Galaxy. Las alfombras están dos por uno con Miticard y en sillones de jardín hasta...
—¡Basta! ¿Adónde es ese aquelarre?
—En el shopping Central, por supuesto.
—Vas a reventar la tarjeta comprando todo eso. Hasta un duende tuerto y cojo, te vas a comprar.
—No, tonto, los duendes no existen.

82 - Dos estaciones - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Verano conoce a Invierno y se hacen amigos, van de noche a los museos, comparten el café con churros y discuten de cine y libros —a veces airados—, ríen por nimiedades. Tienen hábitos que no rompen, códigos secretos que sólo ellos conocen y reconocen; pero un día todo termina. Verano conoce a una mujer de nombre floral: ella lo absorbe y lo chupa. Una tarde Invierno sale a dar un paseo y se encuentra con los huesos viejos y cenizos de Verano.

81 - Cuento absurdo y futbolero - Sergio Gaut vel Hartman

Ubaldino Casinada consideró que el método que había elegido para suicidarse resultaría infalible: se puso la camiseta de River, se mezcló con la barra brava de Boca y se pinzó la nariz con dos dedos en el momento en que los de la banda roja convirtieron el único gol del partido, en tiempo de descuento. Pero se equivocó. No me pregunten en qué se equivocó porque no lo sé. Lo único que puedo decirles es que regresó a su casa ileso.

80 - Opiniones acerca del colapso global - Sergio Gaut vel Hartman

—Un colapso global —dijo Clarke—; es una crisis que marcará el fin de la infancia de la humanidad.
—No —replicó Lem—. Es un fiasco, un vacío perfecto, un valor imaginario.
—Un colapso global —reflexionó Dick—, es un laberinto mortal, la divina invasión de los seres de Frolik 8 que esperábamos desde que el gran profeta Blodmooney pronunció la penúltima verdad.
—Están equivocados, todos —refutó Sturgeon—. El hombre, a partir del colapso global será más que humano.

79 - Náufragos - Sergio Gaut vel Hartman

—Defoe era un imbécil. Ese Viernes

—A mí ni siquiera eso. Homero me hizo naufragar con cerdos, con brujas, con gigantes de un solo ojo

—¿Ustedes se quejan? ¿Por qué no repasan lo que pergeñó Swift?
—Muchachos, muchachos. Yo tenía una pelota por única compañía. Pero no reneguemos de nuestros creadores. Vivamos el presente y agradezcamos que esta vez estamos todos juntos en una isla y que podemos jugar nuestras partidas de póker sin interferencias. Abro con cien mil

78 - Los Enjambres del Insomnio - Virginia Cortés

Ahí vienen de nuevo. Siento sus patitas, minúsculas e invisibles, subiendo por mi pierna derecha. Pronto los zumbidos falaces me colman la mente. Cantidad de aguijones fantásticos comienzan a clavarse en mis manos estáticas. Esperan a ese momento entre el sueño y la vigilia en el que mi cerebro no logra comandar a mi cuerpo. Sé que son imaginarios, por lo que nada puede defenderme de ellos. Cuando la picazón se vuelve insoportable acabo de despertar. Así trabajan.

77 - Buenas Noches - Virginia Cortes

Arropo a mi tierna hija y le beso la frente al acostarla. Ella me pide, atribulada, que me fije que no haya monstruos debajo de su cama. “No hay nada, mi amor” le aseguro mientras miro rápidamente. Más tranquila, alarga uno de sus bellos tentáculos violáceos y se lleva a la boquita principal medio ratón acaramelado que había dejado a medio comer. Le diría algo, pero a mí también me da por comer dulces antes de dormirme.

76 - El valor de un alma - Fernando Andrés Puga

Cuando en medio del desierto escuchó semejante oferta, no dudó. Con lo que ese loco disfrazado de rojo y con cuernos le ofrecía, podía financiar con creces la revolución que venía pergeñando y llevar a la humanidad a un estadio de mayor felicidad. Después de todo el nunca creyó tener una, así que nada perdería en la transacción.
Al morir, lo declararon santo. Es más, dio nacimiento a una nueva religión que perdura hasta nuestros días.

75 - Otros hermanos - Sergio Gaut vel Hartman

Muy pocos saben que, en paralelo con la carrera de los hermanos Marx, hubo otros hermanos que probaron suerte en las tablas de Broadway y llegaron a filmar tres películas caseras: Guiso de conejo, Una noche en la morgue y Perdidos en el loquero. Sin embargo, por errores del representante, escasez de carisma o simplemente falta de talento, los hermanos Engels no alcanzaron siquiera a ser conocidos fuera de su lugar natal, Raleigh, North Carolina.

74 - Susurros - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Alma creyó escuchar algo: un rumor proveniente del jardín. Se estremeció y cerró la ventana. El sonido volvió, ahora dentro de la casa. Alma escuchó con atención, el sonido provenía de su recamara; ella entró sigilosa y acercó su oído a la pared. Era un susurro, una serie de palabras inconexas que tomaron sentido, decían algo muy íntimo para Alma. Ella lloró toda la noche, ajena ya a las palabras que su casa susurraba.

73 - Omisión fatal - Sergio Gaut vel Hartman

Asistió a una de las veladas literarias de la profesora Lilita Carreta con la serena convicción de que sería la estrella de la noche. Pero leyeron ficciones de Galeano, Arreola, Ranea, Monterroso, de la Serna, Frini, Hemingway, Carrillo, Lagmanovich, Ramos Signes, Avilés Fabila, Brasca, Shua, Perone y Bernal, pero a él, Amadeo Meteosat, el humilde personaje de "Ferrari a toda marcha", una microficción de 149 palabras pergeñada por Brian Taylor, ni lo nombraron.

72 - Marte - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El polvo marciano se levantó por la pisada del primer astronauta. Millones de personas seguían la transmisión del acontecimiento por YouTube. Piedras rojizas eran el telón de fondo de los primeros exploradores. La transmisión finalizó y las personas retomaron sus actividades cotidianas. El primer astronauta en Marte dejó de ser trending topic en las redes sociales y Marte volvió a ser un lucero más en el contaminado cielo nocturno de la Tierra.

71 - La cucaracha - Fernando Andrés Puga

La roca ígnea que cayó del cielo no para de latir. Está a punto de estallar en mil pedazos. No tengo que distraerme. No debo quitarle los ojos de encima. Por nada del mundo quiero perderme los enormes fuegos de artificio que saldrán de su interior. Tengo datos precisos: precederán al último día y nadie quedará sobre la Tierra para contarlo, salvo yo, claro, que no pienso salir de mi escondite.

70 - Fiel compañero - Nélida Magdalena Gonzalez

La bruja preparó un brebaje para que Juana encuentre a su verdadero amor. La mujer, no confiaba demasiado, pero con su edad avanzada muchas posibilidades no tenía. Lo bebió mientras pensaba en un compañero ideal. Días después, llegó a su casa un hombre y le dio una caja. Ella lo miró entusiasmada, él le dio las espaldas y se fue. Juana abrió la caja, dentro de ella había un perrito.

69 - Accidente sorpresivo - Sergio Gaut vel Hartman

Estaba en la cama con Teodolinda Yerbatal, la mujer de su mejor amigo, Asís Cervera Vascularini, cuando se abrió la puerta y apareció el susodicho ACV. Le habían dicho que ACV asaltaba por sorpresa los hoteles alojamiento, ya que sospechaba que su esposa le era consuetudinariamente infiel. Pero eso no era todo: el maldito lo estaba apuntando con una Browning, dispuesto a resolver el asunto del peor modo posible.

68 - Vocación irrenunciable - Sergio Gaut vel Hartman

Siempre quiso viajar al espacio, por lo que se preparó desde niño para ser astronauta. Por ello renunció a los juegos de la infancia, a los excitantes tumultos de la adolescencia, a las delicias del amor juvenil. Decidió no formar pareja ni tener hijos. Pero finalmente lo logró.
—Es tu turno —le dijo el jefe del programa—. Te vamos a mandar al espacio.
Lo enviaron al espacio publicitario.

67 - Una nota en la puerta cancel - Fernando Andrés Puga

"Disculpame, por favor. No te merezco. No he sabido cuidarte ni he sabido apreciar tus bondades. Tu amplitud, tu luminosidad, la elegancia de tus formas clásicas. No estuve a tu altura ni un instante y terminé convirtiéndote en esta pocilga en la que ya ni ratas hay. Prefiero abandonarte antes de que te me vengas encima. Ellos prometieron no demolerte y espero que cumplan su palabra. Adiós".


66 - El pozo - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Había en el pueblo un profundo pozo. Se decía que era una puerta al infierno. Un día un niño travieso cayó en el pozo, no se recuperó su cuerpo. Los funerales del niño duraron tres días, al cuarto día se presentó un anciano en el pueblo. Buscó a la inconsolable madre del niño, le dio un abrazo y le dijo: —No sufra más, madre, he vuelto.

65 - Un hilo invisible que viene desde el fondo de los tiempos - Fernando Andrés Puga

—¡Basta, por favor! — gritó fuera de sí el aprendiz, abrumado por el ritmo febril del maestro.
—Pero m'ijito, es que no puedo parar. Si me detengo el hilo desaparecerá sin pena ni gloria. ¿No ve cómo merma la producción día a día? No me abandone, por favor. Usted es mi última esperanza.
Resignado, el pequeño escriba regresó al teclado. Algo se le tenía que ocurrir.

64 - El aspirante a santo - José Manuel Ortiz Soto

Las deplorables condiciones en que el Cielo se encontraba le dejaron bien claro por qué, a últimas fechas, no se tenían noticias de un solo milagro. ¡Y pensar que aún lo promocionan como la mejor opción para vivir la eternidad!, se dijo decepcionado.
Luego de una reverencia en la que depuso toda aspiración divina, el discípulo fue al Infierno a ofertar su devaluada santidad.

63 - Muy, muy por debajo de la tierra roja (El constructor) - Raquel Sequeiro

Encontramos un buen puñado de hormigas. Mi hermano nunca había visto un hormiguero. Decidimos construír uno en el jardín para nosotros y Ariadna, mi perra. Ella excava y nosotros comemos tierra. Puede que te extrañe porque tú construyes casas en los árboles. Vale. Y es que nosotros somos de Marte, constructor.
—Mírale. Tiene los ojos negros.
Vimos asomar el hocico por el agujero.

62 - Un minero creativo - Sergio Gaut vel Hartman

Indalecio Torres es un autor prolífico: escribe una novela completa en cada viaje que hace desde su casa al trabajo y otra cuando regresa del trabajo a casa. No, no estoy hablando de Superman o Flashman. Indalecio, picador de rubeolita, vive en Bella Vista, provincia de Buenos Aires, y trabaja en el yacimiento minero de Puerto Bradbury, cerca de Syrtis Major, Marte.

61 - Tristeza Calendaria - Virginia Cortes

Los lunes gozan de mala fama. Los viernes son los favoritos. Los miércoles el cine cuesta la mitad. Los jueves son la previa del viernes, el día en que la gente sabe que ya pasó la cuesta de la semana. ¿Y los martes? Ahí vamos por el almanaque, totalmente ignorados, soñando con caer en 13 para llamar un poco la atención.

60 - Identidad - Héctor Ranea

Tengo más barba que mi vecino, más canas que mi hermano, menos grasa que mi tío, más huesos que un balón de fútbol, más caras que un dado, menos dedos que un guante de madera, más canillas que la ducha de un baño de camioneros, más silencio que un ataúd y menos espuma que una ola. ¿Qué soy? ¡Ojalá supiera!

59 -Superación personal- José Manuel Ortiz Soto

Perdidos entre los pliegues del tiempo quedaron los sueños de joven e impetuoso poeta. Tras el éxito comercial alcanzado por su nuevo libro, anunció que nunca volvería escribir poemas. La musa se presentó en su nuevo y lujoso apartamento y, sin mediar palabra, le cortó las manos. Ya no las necesitas, le dijo llorando. Luego saltó por la ventana.

58 - Música en libertad - Sergio Fabián Salinas Sixtos

La música envuelve la habitación, cierra los ojos y con deleite se transporta más allá de las estrellas al compás del Capricho No. 24 de Paganini; respira hondo y se deja arrastrar por la cadencia del sonido. La pieza maestra ha concluido, las luces se encienden y el prisionero es conducido al cadalso después de vivir en libertad.

57 - Monstruo - Fernando Andrés Puga

—¿Quién anda ahí? —tartamudeó dudando entre acercarse o no—. ¡Vamos! ¡Salí te digo! —y los ojos se le comenzaban a empañar al notar que la sombra crecía detrás de la cortina.
¡Uy! ¡Pobrecito! Será mejor que me vaya. Hoy tampoco parece ser el día propicio para darme a conocer. ¿Es que nunca llegará el momento oportuno?

56 - Orden en la sala - Virginia Cortés

—Se me acusa de haber matado a la reina, que soy yo, y me encuentro en perfecto estado de salud. ¡Entonces no comprendo qué juicio delirante del país de las Maravillas es este! —bramó incrédula, al borde de la histeria, acomodándose la corona y limpiándose los restos de sangre de sus manos niñas en el delantal.

55 - Encallada - Virginia Cortes

Arrastró su inútil cuerpo por la arena hasta que los músculos ya no le respondieron. Creyó que había aprendido la lección. “Quiero estar allá afuera, poder respirar oxígeno y conservar mi voz” le había precisado a la bruja del mar. El príncipe compadecido mandó a matar a la extraña ballena que cantaba como una sirena.

54 - ¡Tierra! - Fernando Andrés Puga

Como su comportamiento era insoportable, lo mandamos al carajo. Nunca imaginamos que sería justamente Rodrigo quien gritaría desde allá arriba dándonos la buena nueva. Por desgracia lo único que pudo fue verla a la distancia. Cuando al fin desembarcamos ya había sido alimento de las estúpidas gaviotas que nos acompañaban desde Puerto de Palos.

53 - Ruleta - José Manuel Ortiz Soto

Después de los sucesos que dieron fama a Hamelin, sus leyes son estrictas e inflexibles. Por ejemplo, matar un gato se castiga con la horca. A pesar de esto, los asesinos de gatos proliferan entre los amantes a los juegos de azar, que apuestan a que el animal no curse su séptima vida.

52 - PC para llave, llave para PC - Héctor Ranea

Encontré las llaves, como me dijo el dueño del bar, buscando bien en mi memoria. La desmantelé, la abrí con todo cuidado, la revisé palabra por palabra: las llaves estaban ahí. Ahora no recuerdo para qué sirven. No hay que creer en los dueños de bar, no saben qué son las memorias.

51 - El muerto del cuartel - Héctor Ranea

El centinela abrió fuego. No mató a nadie pues las llamas que ardieron a su lado fueron gráciles, gigantes, grotescas. En el medio de la noche, y al abrirlas, vio el dominio de la muerte que estaba dentro. Por eso el fuego no mató a nadie. Ya estaba muerto cuando entró.

50 - Coulrofobia - Luciano Doti

Cuando su alma recién creada flotaba en el éter, había visto de lejos a un demonio. Desde entonces, el recuerdo de su rostro había quedado grabado en su conciencia.
Ya encarnado en un ser terrenal, siendo niño, fue a un cumpleaños, y al ver el rostro del payaso, se estremeció.

49 - Consuelo - Fernando Andrés Puga

Ante la imposibilidad de volcar en el papel algo que valga la pena, me zambullo en el Candy Crash. Espero que cuando alcance el nivel 150 cambie la situación. Si no, al menos por un rato, habré superado a Sergio, que es todo un experto en este maldito juego.

48 - En el medio del Sahara - Virginia Cortes

Arrastró su inútil cuerpo por la arena hasta que los músculos ya no le respondieron. Creyó que había aprendido la lección. “Quiero estar allá afuera, poder respirar oxígeno, conservar mi voz y mi forma humana” le había precisado a la bruja del mar. Ni príncipes alrededor.

47 - En los últimos años - Virginia Cortes

Arrastró su inútil cuerpo por la arena hasta que los músculos ya no le respondieron. Creyó que había aprendido la lección. “Quiero estar donde el príncipe, respirar oxígeno, conservar mi voz y mi forma humana”. El príncipe la amó al verla. La anciana cantaba como un ángel.

46 - Así le hablaba el enano Grumpy a Blancanieves - Daniel Frini

—Acá donde me ve yo supe medir dos metros quince. Nosotros —y señaló con su mano a los otros enanos— éramos parte del equipo de básquet de Lohr. La muy guacha de su madrastra no nos perdonó que perdiéramos la final del Campeonato Regional de Baviera.

45 - El brindador - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Usted de qué trabaja?
—De brindador.
—¿De brindador? ¿Y en qué consiste?
—Voy a las celebraciones y hago brindis ingeniosos y floridos.
—¡Qué interesante! ¿Y rinde ser brindador?, económicamente, digo.
—No, para nada, pero me permite estar borracho todo el tiempo, gratis y sin culpa.

44 - La exhibición - José Antonio Iñiguez Narváez

Cuando él abrió la puerta de la habitación, la vio semidesnuda, recostada en la cama, con la boca abierta despidiendo un rancio olor a alcohol y murmurando un nombre apenas entendible. Para él, esa fue la primera vez que creyó verse en el espejo.

43 - Desperfecto - Sergio Gaut vel Hartman

La tomografía computada y el electroencefalograma no revelaron ningún trastorno cerebral en Epifanio Temporale, pero el médico, que conocía al enfermo desde que fueran compañeros en la agrupación scout Cruz Gamada, advirtió que el liliputiense que manipulaba los controles se había vuelto loco.

42 - Martes 13 - Luciano Doti

La fecha lo hizo pensar mientras cruzaba la calle: "Yo no creo en eso del martes 13, es una superstición..."
Absorto en su pensamiento, no vio el auto que se acercaba a gran velocidad.
Cuando despertó en el hospital, era miércoles 14.

41 - Vuelta de tuerca - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Un espectro asola al escritor, entre gritos y apariciones repentinas. El autor cansado de la vida miserable a la que es sometido por el espíritu decide escribir un cuento breve y terrorífico; ahora el fantasma aterra a los personajes del cuento.

40 - Horca - Silvia Milos

—Soy un especialista —dijo. Y miró la sombra que proyectaban sus pies al ras del suelo—. Puedo dibujar en el aire, balancear mi cabeza hasta que se caiga y dejar mis brazos desprendidos colgando de la ropa. Soy un colgado.

39 - Un estilo definido - Sergio Gaut vel Hartman

—Yo escribo cuentos dietéticos —le dije orgulloso a mi alumno preferido.
—¿Cómo es eso? —respondió él sin reprimir cierto tono burlón.
—En ellos jamás aparecen las palabras “colesterol”, “triglicéridos”, “sedentarismo” y mucho menos las tortas de la tía Clara...

38 - Perspectiva - Virginia Cortes

—María Natalia, ¡cierre la ventana por favor! ¿No ve que hace un frío de morirse? —me dice mi vecino con fuerte acento y cierta impaciencia. Cree que soy yo quien está del lado de afuera de su casa.

37 - Incertidumbre Amorosa - Virginia Cortes

—¿Pero estás bien conmigo?
—Bueno, creo que sí, aunque a la vez no sé si tanto.
—Yo siento que estás acá pero que no estás, ¿Me entendés? ¿Cómo te explico?
—¿Te traigo un gato y el pizarrón?

36 - A punto de despegar - Fernando Andrés Puga

—Falta poco.
—¿Para qué?
—Para que acabe la cuenta regresiva.
—¿Y en qué dirección cree usted que saldremos disparados? Si se puede saber.
—No lo sé, pero siempre es mejor que quedarse quieto ¿no le parece?

35 - Teoría - José Antonio Iñiguez Narváez

Por obra de un accidente, el Primer Hombre conoció el fuego y la Muerte, así también, no tardaría el Primer hombre en aquella noche larga y confortable, en conocer el idioma con un simple bostezo.

34 - Brindis final - Sergio Gaut vel Hartman

El hombre alza la copa y dice:
—Brindo por el futuro de todos los que tienen futuro. —Acto seguido ajusta la cuerda a su cuello y patea el banquito al que se había trepado.



33 - Rarezas - Serafín Gimeno

Un día brotó de mi culo un ramo de crisantemos, primero pensé que era cosa de mi flora intestinal; pero después descubrí que alguien se había adelantado a la redacción de mi obituario.

32 - Mal parido - Sergio Gaut Vel Hartman

Plantó un hijo que no floreció; tuvo un libro que no supo leer; escribió un árbol y lo llevaron preso por vandalismo. Empezó a sospechar que le habían dado mal las instrucciones.

31- No digas después que no te avisé - Fernando Andrés Puga

—¿Queeeé? —gritó por enésima vez Romeo, ensordecido por el paso del tren.
Cuando oyó, fue tarde. Julieta ya había cambiado la cerradura y estaba tirando por el balcón todas sus pertenencias.

30 - Espejismo - Nerina Panella

Ni el rojo de sus labios, ni el perfume a fresias de su colorida vestimenta; anunciaron el trágico final que se escurría a traves del hilo carmesí de su muñeca.

29 - Breve historia de la locura - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Nabucodonosor II el Constructor, al darse cuenta de que cierto conocimiento arcano escapaba a su percepción, incendió la biblioteca de Babilonia, celoso de los pensamientos secretos que la habitaban.

28 - Conciencia de palabras - Sergio Fabián Salinas Sixtos

—Escribe un palíndromo.
Ella escribió: “Alá ata seres sosos y acurruca”.
—Eso no es un palíndromo.
—Claro que no lo es; es un palíndromo con alma de bifronte.

27 - La conformidad del hombre - Cristian Cano

Vociferaba en todo el mundo. Decía que los cotejaba un sólo espíritu y que le había llegado al alma. Nunca supo que ella fue una atea acérrima.

26 - No hay peor ciego... - Virginia Cortes

Soy ciega de nacimiento. Percibo luz y sombra, que no es poco; por lo que escucho, la mayoría de los videntes parecen percibir sólo lo segundo.

25 - Testigo - María del Pilar Jorge

Desorden, destrozos y un oscuro abandono. El único testigo es un espejo roto, que repite en sus mil fragmentos, imágenes truncas de un cuerpo ensangrentado.

24 - Extravíos - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Me puede decir si por este camino llego a la boca?
—¿A la Boca? Está cerca. Siga derecho doscientos metros. ¿Turista?
—No, bala perdida.

23 - Efectos colaterales de la Creación - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Y qué pensaste al pronunciar esas tres maravillosas palabras, ¡hágase la luz!
—Pensé en la cuenta que tendría que pagar al mes siguiente.

22 - Conflicto interno - José Antonio Iñiguez Narváez

Acabada una página, supo el Escritor de inmediato, que el conflicto del personaje consistiría también en encontrarle al cuento un final digno.

21 - Las cosas por su nombre - Sergio Gaut vel Hartman

Si las cucarachas fueran la especie dominante del planeta Tierra, los seres humanos correríamos por los zócalos perseguidos por muchísimas chancletas.

20 - La princesa y el sapo - Nerina Panella

Fueron los golpes de su puño los que borraron de su memoria el amor, condenándolo a la categoría de anfibio.

19 - Delirios de robot - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El último robot que soñó despertó con mal aliento y con unas ganas terribles de formatear esos horribles recuerdos.

18 - Compañeras de dolor - José Manuel Ortiz Soto

Mi vida tampoco ha sido fácil, dijo la primera piedra, cayendo a los pies de la mujer lapidada.

17 - Bienaventuranzas XII - Daniel Frini

Felices los que están en el cadalso, al lado del verdugo, porque tienen asegurado su futuro inmediato.

16 - ¿Seguro? - Fernando Andrés Puga

Aunque llevaba puestos los guantes de látex, lo repasó todo antes de salir. Nunca se sabe.

15 - Intento de escritora - Nélida Magdalena Gonzalez

Colocaba palabras que escuchaba, en una cesta de mimbre. Luego las desparramaba sobre papeles blancos.

14 - ¡Magia! - Fernando Andrés Puga

—Los cerrás y el mundo desaparece ¿viste? —exclamó Facu con los ojos bien abiertos.

13 - Juicio - Sergio Fabián Salinas Sixtos

La profecía tenía trece palabras, ellos no hicieron caso; entonces los demonios aparecieron.

12 - Frente al espejo - José Antonio Iñiguez Narváez

Todavía la "O" añora aquellos días en que fue un "8" esbelto.

11 - Contemplación Adicional de Shrödinger - Virginia Cortes

—¿Estás vivo o no? ¡Maullame algo! No serás mudo vos, ¿no?

10 - Duda I - Daniel Frini

Dígame: la curiosidad ¿mató o no al gato de Schrödinger?

9 - Epitafio - Sergio Gaut vel Hartman

Finalmente he podido tomarme unas largas y merecidas vacaciones.

8 - Aborto - Nerina Panella

El fiscal no llegó a defender al condenado.

7 - Hipocresía - Ana Caliyuri

Caminaba cabizbajo, necesitaba sostener la máscara diaria.

6 - El creador decide pergeñar un universo de seis palabras y lo consigue - Sergio Gaut vel Hartman

—¡Hágase la ficción! —Y se hizo.

5 - Puente - Cristian Cano

Escribo para desenterrar situaciones muertas.

4 - Infidelidad - Fernando Andrés Puga

—¡Alégrate! No es contagioso.

3 - Punta de lanza - Cristian Cano

Escribo para conocerme.

2 - Pena de muerte - Caro Fernández

Sí, quiero.

1 - Soy - Cristian Cano

Escribo.

0 - Opinión pública - Caro Helga Fernández

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