viernes, 18 de octubre de 2013

Cuenta regresiva especial de 100 entradas Nº 2


99 – El maquinista – Héctor Ranea

Preparó la clase del día siguiente, se recostó un rato antes de cenar, encendió la televisión para quedarse dormido mirando una película de Buster Keaton, se sirvió un poco de agua y tomó esa pastilla. En la película, tal como la comenzó a ver, un caballo blanco cabalgaba cerca de una vía. Él manejaba el tren, la jineta sonrió y él, desde el tren le mostró una palma de la mano con el mensaje grabado por Keaton: me fui a reír a otra parte. Mañana te espero en clase. Pero nunca llegó porque nunca pudo salir de la locomotora.

98 – Para dudar de las fotografías – Héctor Ranea

Entiendo que en el manifiesto del beso hay dos personas que se besan. No sé quiénes son; probablemente estén ya muertas. Las fotos las hacen durar eternamente en la posición tibia, en el músculo tenso, en el acto en potencia: lo posible de un acercamiento piel a piel. No puedo decir nada de ese instante porque sucedió décadas antes de que yo lo viese; sin embargo, dudo de que existiera antes de que lo mirase. ¿Tengo derecho a decir que ese beso nunca existió? ¿Están muertas las personas que se besaron pero viva la pregunta que me hago?

97 - Cuento de hadas al revés - Héctor Ugalde

Vivió su vida de cuento de hadas completamente al revés. Comenzó viviendo feliz para siempre. Luego se casó con la princesa. Se vio obligado a pelear con el villano, vencerlo y matarlo sin saber qué de malo había hecho aquel pobre hombre para merecer tal castigo. Para justificar la maldad del difunto inventó historias de sus fechorías, las cuales hizo circular por todo el reino. Para finalmente regresar a su pueblo natal, volverse un completo desconocido y pensar en que sus líos habían comenzado al casarse con aquella princesa. Lo bueno es que solamente Había una vez.

96 – La ternura – Héctor Ranea

A la mierda con todo, me dije entre signos de exclamación que no escribiré porque soy pudoroso. Ya nadie piensa en términos de cariño, de suavidad, de ternura. Todo es un papel donde se efectúan transacciones y regalos que son apenas un simulacro de sonrisas. A la mierda, dije para adentro, para que nadie escuche. Pero de pronto un grito me salió de la garganta. Algo se reventó dentro de mí en ese momento y debió ser grave porque acá estoy, pensando que gritar me va a sacar de este ataúd, aunque sepa que es inútil.

95 - La especialidad de la casa – Sergio Gaut vel Hartman

Todo el mundo sabe que trabajar de ajedrecista no es peligroso. Sin embargo, Nemesio Fattaba es la excepción que confirma la regla. Jugador oficial de la bombonería El Caballo Goloso, Nemesio promociona la especialidad de la casa: un set de piezas de ajedrez de chocolate oscuro y blanco. El ajedrecista juega con los compradores de diecisiete a veinte, todos los días, y los suele derrotar en pocas jugadas, aunque casi nunca come menos de seis piezas por partida. Actualmente Nemesio pesa ciento setenta kilos y todo el mundo sabe de qué se va a morir.

94 - Amor a primera Pista - Héctor Ugalde

¡Elemental mi querido Watson! Cuando se elimina lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad.
Veamos: Nos interesan las mismas cosas, como es resolver misterios. Siempre estamos juntos investigando. Nos complementamos en nuestras capacidades y trabajamos en equipo. Compartimos aficiones, como el ajedrez, el tabaco, la química y el violín. Sentimos una gran admiración mutua, aunque desbalanceada. Usted ha logrado que me olvide casi completamente de mi adicción, me temo que sustituyéndola por otra tal vez más fuerte.
Definitivamente podemos concluir sin lugar a dudas, ¡que nos hemos enamorado!

93 - Tahilandia o Siam – Sergio Gaut vel Hartman

Hace años, cuando Tahilandia se llamaba Siam, era un país muy frío. Hacia allí partió un aventurero con una idea revolucionaria en la cabeza: fragmentar el país y convertirlo en millones de heladeras eléctricas que permitiaran conservar cervezas, cocacolas y guisos durante lapsos prolongados. Logró su propósito y se hizo muy rico vendiendo los citados electrodomésticos, pero la temperatura de Siam trepó hasta convertirlo en un sitio tropical donde la gente, desesperada, terminó comiendo sesos de mono vivo. El cambio de nombre del país fue un efecto colateral de este gran evento industrial.

92 - Litros de sucio talento - Sergio Gaut vel Hartman

—No se me ocurre nada.
—¿Escribe por obligación?
El escritor se rascó el culo; hacía dos semanas que no se bañaba, obsesionado por su bloqueo creativo.
—No —dijo finalmente—; escribo por placer.
—Entonces acepte los hechos, haga una pausa, y báñese. Huele como mil monos.
—Tiene razón, me bañaré. —Pero de pronto se detuvo y el rostro se le iluminó, como si hubiera dado con una idea brillante—. Tengo que encontrar un método para recoger la mugre que saldrá de mi cuerpo. En ese néctar está la esencia de mi próxima novela.

91 – Mapas - Sergio Gaut vel Hartman

El chino contempló al genovés casi con pena. Le había vendido los mapas de Zheng Ho por una fortuna, cuando cualquier marino de la Flota Tesoro sabía que navegando tanto hacia el Levante como hacia el Poniente encontraría las tierras que ellos habían descubierto en 1421. Que el emperador hubiera decidido no ocuparlas era una cuestión de política de estado que él no estaba interesado en comprender. Pero de lo que sí estaba cierto era del carácter paciente de los chinos; ya llegaría el momento de reconquistar y habitar esas regiones.

90—La historia que me contaron— Nélida Magdalena Gonzalez

La casa, que todos los años estaba en venta, llamaba mi atención. Cuando la ocupaban, la ligustrina que la rodeaba, se veía prolija y recortada. Pero, cuando aparecía el cartel de venta, se notaba el abandono. Los vecinos me contaron que un matrimonio vivió allí, durante años. Una noche de tormenta, discutieron en el jardín, cerca de la piscina. El hombre empujó a su esposa y ella murió ahogada.
Dicen que cuando llueve, la joven, aparece llorando en el sitio. Espanta a todos los que quieren habitar su ex morada.

89 - Para siempre... - Héctor Ugalde

La Bella Durmiente está preocupada.
¿Por qué siente ese vacío sí fue despertada por un beso de amor verdadero?
¿Por qué la desazón al esperarlo cada noche a que regrese de madrugada?
¿Por qué la inquietud al ver las manchas de carmín en su camisa?
¿Por qué el dolor cada vez más grande al verlo constantemente ebrio?
¿Por qué la tristeza al sentir los golpes y las injurias?
¿Por qué, sí le prometieron ser feliz para siempre, se siente tan infeliz?
Aunque eso sí, sí le parece para siempre..

88 - Destino en pausa... - Héctor Ugalde

La hermosa joven quiere saber lo que le depara el futuro.
La adivina toma la mano de la tímida muchacha y se asombra al ver que la línea de la vida sigue recta por el brazo y llega hasta su boca.
"Tu destino estará dormido latente esperando el beso que lo despierte..."
Luego, al ver que la línea continua de los labios al corazón, agrega:
"...pero no sé sí va a ser un beso de amor o sí vas a morir de un ataque cardiaco de la impresión".

87 - Amor Zombie - Héctor Ugalde

Los zombies salen.
Entre la multitud de cuerpos maltrechos unas miradas se encuentran y cobran vida...
Las bocas babeantes forman dos medias sonrisas...
Como en una película, corren uno hacia el otro en cámara lenta... (literalmente).
Cuando finalmente están juntos, se abrazan y se besan.
"¡No lo puedo creer! ¡Tienes la oreja derecha que a mí me falta!"
"¡Y tú, el brazo izquierdo que no tengo!"
Se unen las partes y después del intercambio cada quien se va por su lado sintiéndose más completos, felices para siempre.

86 - ¡Te e-xtr@ño! - Héctor Ugalde

Le escribe "¡Te extraño!" por correo electrónico.
Después de un rato recibe el mensaje: "¡Yo también te extraño!".
Mira de reojo a su esposo acostado junto a ella y teclea "¡Tenemos que hacer algo!".
No se hace esperar la respuesta: "¿Cómo qué?".
Ella suspira mientras imagina varias posibilidades. Escribe: "Estamos aquí, acostamos juntos, y en vez de platicar, nos escribimos emails...".
Voltea a ver a su marido mientras él, pensativo y serio, lee la pantalla de su computadora portátil.
Finalmente llega otro mensaje: "¡Tienes razón! ¿Chateamos?".

85 - Manual para acabar con las paradojas - Héctor Ugalde

Estaba escribiendo el Manual para acabar con las paradojas.
"Es curioso que la mayoría de las paradojas son causadas por una muerte: la del abuelo o la del padre, por ejemplo.
Y más extraño es el que la mayoría de las soluciones a las paradojas sean también por una muerte: del nieto, del hijo... o de uno mismo".
Al terminar de escribir este párrafo me pareció oír un ruido a mis espaldas.
Lo último que alcancé a ver fue mi doble reflejo en el espejo...

84 - Antes de que nacieran los cuentos - María del Pilar Jorge

Lorena no jugaba a la mamá con sus muñecas. Las mamás tienen que ir al trabajo, cocinar, lavar, planchar. Sus muñecas no serían nenas, sino princesas como Blanca Nieves o la Bella durmiente, y los osos de peluche, soldados que las defenderían de dragones, brujas y otras pestes.
Cuando Lorena creció, los juguetes durmieron en sus cajas, su sueño de porcelana y trapos y ella pareció olvidar aquellos juegos. Pero en el aire permanecieron flotando infinidad de historias.
Un día Lorena empezó a escribir.

83 – De sopa de agujeros negros a paradoja negra de la sopa – Héctor Ranea

El físico desarrolló su teoría sobre agujeros negros y especulaba sobre si de él podría salir información. Se encontraba con una paradoja. La confirmación vino de su computadora mediante el viejo recurso del mensaje en pantalla: “Los agujeros negros no tenemos pelos” (el conocido teorema de Wheeler). “Estás dentro de mi lata de sopa”. Acto seguido, dicha sopa se virtió dentro y el físico, entusiasmado, quiso escribir que había entendido todo, pero la máquina escribió: “Lo siento, nada de información sale de acá”.

82 – Las observaciones sigilosas – Héctor Ranea

Cuando mirábamos estrellas hablábamos en voz tan baja que sólo podíamos escucharnos nosotros dos, como si estuviéramos amándonos en casa ajena. Y sosteníamos los instrumentos con el mismo cariño con que nos acariciábamos en secreto en las iglesias medievales. Apenas suspirábamos palabras técnicas como cuando creábamos constelaciones en tus pechos con tus escasas pecas y los pezones que se unían a las mías, todo con sigilo. No sé en qué momento dejé de verte entre mis estrellas. Con tanto sigilo te fuiste.

81 - El asunto de la luz – Sergio Gaut vel Hartman

Muerto, ya dentro del féretro, me permití reflexionar: ¡qué suerte no tener que hacer el ridículo como todos los idiotas que despiden al fallecido con un responso más que estúpido pronunciado delante de una manada de imbéciles! ¿Cómo iba a imaginar que luego de la resurrección mi vida se convirtió en un calvario? Todos los idiotas me piden que cuente el estúpido episodio de la luz y me presionan para que hable delante de vastos auditorios de imbéciles describiendo mi experiencia.

80 - Tratado de príncipes y otras ataduras abisales - Raquel Sequeiro

Era un chucho de color verdiazulado, tanto que alguien lo confundió con una rana y lo diseccionó con anestesia y ahora lleva el vientre atado con cordón de zapatos. Era un perro tan bueno que nadie se atrevía a tirar del cordón, sin saber que de ese modo todos verían a un amable príncipe. Dejaron de pensar en el sucio cordón, enredado en el pelaje; el perro murió y, en el lento decorrer de los añejos paisajes, ya nadie recordaba.

79 – Sorpresas en el continuo ST514 – Sergio Gaut vel Hartman

—Observe esto, profesor: parece que en este universo Stalin se anticipó a Hitler, invadió Polonia y arrasó toda Europa. La guerra terminó el 28 de septiembre de 1947, cuando una bomba atómica soviética destruyó New York.
—¿Y qué consecuencias tuvieron estos hechos?
—Karol Wojtyla es director de cine en Hollywood, Donald Trump maneja un tractor en Bashkiria y Brasil acaba de perder la copa del mundo de fútbol en el Maracaná tras ser derrotado 11 a 0 por China.

78 - El faro encantado - Raquel Sequeiro

Asomó la cara por la ventana. Urdía un viento helado las olas y la mar veíase contundente y rizada. Pensó en las noches con Esperanza, en el sabor de su carne prieta, en la forma que tenía de hacerle olvidar, sus párpados que contenían un millón de perlas en el desbaratado ajusticiamineto de las pestañas, hermosas y cobrizas.
Una noche Esperanza abandonó el faro; sigo esperándola en la lejanía, sabiendo que vendrá, con sus labios, susurrantes de cuentos.

77 - Despierta despierta despierta despierta despierta despierta despierta - Héctor Ugalde

La Bella Durmiente abre los ojos y mira con asombro a los siete pequeños hombrecillos que rodean su cama.
Puede distinguir claramente cada detalle de sus caras, de sus barbas, de su ropa, de la habitación... de la pálida muchacha acostada más allá que tiene restos de una manzana extraordinariamente roja en su boca de casi el mismo tono.
¡Está maravillada! ¡Ve todo con tanto detalle y color!
Se siente siete veces más despierta que de costumbre.

76 - El amanecer de los despiertos durmientes... - Héctor Ugalde

El intrépido y valiente príncipe mata al feroz dragón y sube a la alta torre para darle el beso de amor a la Bella Durmiente.
La encuentra despierta, despeinada, con los ojos inyectados de sangre de 100 años de insomnio.
Ella lo ve y se le acerca ansiosa diciéndole a gritos con voz ronca y seca: "¡BÉSAME!"
El ya no tan valiente príncipe huye precipitadamente de aquel, el más grande peligro al que se ha enfrentado.

75 - Largo despertar - Héctor Ugalde

La historia oficial de la Bella Durmiente dice que sería despertada únicamente por un beso de amor. La realidad fue que el beso la despertó, pero el amor la dejó en un estado tal de ensoñación del que solamente después de 15 años de un matrimonio lleno de engaños, mentiras y maltratos, después de 5 años de terapia de psicoanálisis, y después de un largo proceso de divorcio, le permitieron finalmente despertar de su codependencia.

74 - Amor a primera visión - Héctor Ugalde

A lo lejos se previeron y se enamoraron a la distancia. Se acercaron sin dirigirse una palabra y sin dejar de mirarse a los ojos. Vieron en ellos los días de pasión que vivirían, seguidos de un eterno infierno de incomprensión, dudas, celos, peleas, gritos, lágrimas y dolor, hasta terminar en un fatal desenlace... Entonces se detuvieron temerosos, horrorizados, y prefirieron fingir indiferencia y alejarse, para continuar su monótona vida de videntes y adivinos.

73 - Fraudulento – Sergio Gaut vel Hartman

Frank Steitz era un solterón inútil y vago que había encontrado un método perfecto para vivir sin trabajar. Se disfrazaba con la ropa de su madre muerta para seguir cobrando la jubilación y así vestido iba al banco todos los meses para hacerla efectiva. Con lo que no contaba era que el gerente del banco, que era viudo, se enamoraría de él y le propondría matrimonio; aceptó para no ir a la cárcel.

72 – Frío frío - Sergio Gaut vel Hartman

—Me dijeron que traerán a un nuevo huésped —dijo Walt Disney.
—Espero que sea uno de los nuestros —se quejó Henry Ford.
—Que no sea uno de esos, ya saben, uno de esos —agregó Charles Lindbergh.
—No lo sé. Es un escritor de novelas y yo nunca leí cosas como esas. Roth, ¿puede ser Roth?
En el centro criogénico de Pasadena reinó el silencio, un silencio más profundo y helado que nunca.

71 - Las dos bellas durmientes - Héctor Ugalde

Un día, la bella durmiente del bosque se encontró con la bella durmiente de la ciudad.
Se pusieron a comparar sueños, técnicas para despertar (deseos), tipos de despeinados, poses adormiladas, trucos para no quedarse entumidas... batas, piyamas, sábanas, camas...
Y vieron que no tenían nada en común.
Nada, excepto aquel bobo príncipe azul que iba y las despertaba cada 100 años.
Como ahora, que estaban esperando con ansía volverse a dormir...

70 – Criaturas de la noche - Sergio Gaut vel Hartman

—¿Le parece Franz, que estoy en condiciones de ir a ese bar de señoritas al que me invita? —Gregor se movió inquieto en la cama y clavó la vista en Kafka.
—¡Por supuesto! —replicó el escritor—. El lugar está lleno de cucarachas y nadie va a hacer cuestión por su tamaño.
—Pero yo no soy una cucaracha, soy un escarabajo; usted mismo lo dijo.
—Tampoco importa. La iluminación es deficiente.

69 – Desempleo - Sergio Gaut vel Hartman

—El cierre de las minas es un hecho irreversible, amigos. No tengo trabajo para ustedes. Y mucho menos siete puestos...
—Encima se fue la chica que nos hacía la comida y la limpieza —se lamentó el más anciano de los mineros.
—¿Y si prueban en un circo?
—Dicen que no hacemos reír a nadie —se quejó otro, malhumorado.
—Los tiempos han cambiado —concluyó el de la agencia de empleo.

67 - Compañeros – Sergio Gaut vel Hartman

—¡Hola! Soy Walt Disney; estoy frizado. Con los años desarrollé una formidable capacidad telepática. ¿Alguien me capta? ¿Hay alguien ahí?
—Aquí. Soy Adolf Hitler. Los judeo-comunistas conservan mi cerebro en una solución jabonosa. Estoy en el sótano de la Central Sinárquica, en Ufá. ¿Qué le parece si nos asociamos y unimos nuestras fuerzas?
—¿Nos conocemos de algún lado?
—¡Claro! En otros tiempos trabajábamos para la misma empresa.


66 - Cuestión de edad - Héctor Ugalde

Tuve una idea. Saqué mi libreta y me puse a escribir inspirado. Un par de mesas más allá una joven me observaba con curiosidad y sonreía. Me atreví a acercarme y enseñarle lo que había escrito. "¡Qué hermosas letras!", me dijo, "¡Ya nadie escribe así!". Me sentía volar por los aires.  Hasta que la escuché decir: "¡Me dan ganas de aprender a leer la letra manuscrita!"

65 - Amor laberíntico - Héctor Ugalde

Teseo llega al centro del laberinto y se sorprende. En lugar del Minotauro, está la Bella Durmiente. Se acerca, la besa, y la hermosa doncella despierta. Se supone que debieron de haber sido felices para siempre, pero no fue así. Nunca pudieron salir del laberinto. Al momento de besarla, Teseo perdió el hilo que lo conectaba con Ariadna y por lo tanto, con la salida.

64 – Piqueteros – Sergio Gaut vel Hartman

—¿Quiénes son todos esos? —preguntó el escritor mirando por la ventana. Su asistente respondió con un resoplido que hizo temblar la cristalería del bargueño.
—Personajes de ficción, y de los pesados.
—¿Pesados? ¿Quiénes y por qué?
—Superman, Sandokan, Miguel Strogoff, Tarzan, Mr. Hyde, Vlad Dracul, Raskolnicov, Mandrake...
—Pare, pare, suficiente. ¿Y qué quieren?
—Aumento de sueldo. Mejores condiciones laborales. Nuevas obras... Lo de siempre.

62 - Juegos de transmutación - Raquel Sequeiro

La enorme sala del alquimista estaba oscura. Boca de lobo entreabrió las fauces, Aligodio se limaba las uñas, sonaba una triste música en el portacedés. Un bolero, una cumbia, un vals. Calculó el alquimista cuánto tiempo le quedaba para ser abducido por los fabricantes de plomo y se apuró lo preciso para que, cuando llegaran, sólo encontrasen una estatua de oro puro.

61 - Porque... - Héctor Ugalde

Me preguntaba por qué comenzaron a ocurrir esas extrañas cosas desde tu muerte. Por qué encontraba abierto algún cajón. Por qué los objetos tirados al paso en las escaleras. Por qué la sensación fría en pleno verano bajo los rayos de sol. Hasta que apareció aquel mensaje en el vaho del espejo después de bañarme: "Prometiste que seríamos felices para siempre".

60 - La dama de la cara rosa - Raquel Sequeiro

Imaginaos que intentó borrársela, muy temprano de mañana. Restregó, restregó y restregó y sin rostro se quedó.
—¿Que quedó entonces, Bella Durmiente? —preguntó el pequeño niño de cabellos rubios.
—Hijo, quedó una especie de estatua saltarina que no me dejaba dormir.
—¿Es que no eras tú, madre?
—No, hijo, tu padre jugando con mi maquillaje indeleble de cuento de hadas.

59 - El drama más romántico de todos los tiempos - Héctor Ugalde

El joven ve a la bella durmiente y llora desconsoladamente porque piensa que ella ya está en el sueño eterno...
Él quiere suicidarse, pero antes la besa dándole el último adiós.
Julieta despierta justo a tiempo y logra detener a Romeo antes de que se mate.
William Shakespeare después decide cambiar la historia. Los finales felices ya no venden...

56 - Dramaturgia verdadera – Sergio Gaut vel Hartman

Cae el telón, se apagan las luces, los tramoyistas ingresan al escenario para retirar los cadáveres. Ahora viene lo peor: conseguir nuevos actores que sepan sostener el prestigio de la obra más cruda y realista de la historia y al mismo tiempo lograr que nadie sospeche de los reclutadores cuando cumplen con la tarea de capturarlos.

55 - Nº 2 - Silvia Milos

A Julia le faltaba el índice. Las gotas de sangre en las baldosas habían formado un caminito hacia la heladera. Abrirla fue como detener el tiempo. Un escalofrío secreto me carcomió la espalda mientras el dedo de Ella me señalaba. Miré atrás, la lista en la mesa: era el segundo. El asesino sabía mi nombre.

54 - La historia de una flor - Nélida Magdalena Gonzalez

Sobre la sepultura abandonada, nació una planta. El sol le cedió rayos de oro, la luna entristecida, le dio su blancura y el agua de lluvia hizo lo suyo.
Creció, brotaron hojas, ramas y pimpollos.
Con la ayuda de la naturaleza y abonada con el cuerpo que yacía debajo, surgió una flor llamada tristeza.

53 - Intentos - Héctor Ugalde

Intenta dormir. No puede.
Recuerda los intentos hablar, de aclarar las cosas.
Los intentos de acercarse. Los intentos de reconciliarse. El intento de no sentir dolor. El intento de olvidar.
El intento de esquivar el auto. El intento de no sentir dolor. El intento de no cerrar los ojos.
Intenta despertar. No puede.

52 – Fatalidad en el continuo TR405 – Sergio Gaut vel Hartman

—Observe esto, profesor —dijo Asdrúbal Parameshio, el ayudante del eminente físico Héctor Príamo, descubridor del principio separador de hebras dimensionales—: parece que en este universo los aqueos no consiguieron engañar a los troyanos.
—¿Cómo es posible, querido Asdrúbal?
—En lugar de un caballo de madera les dejaron un alfil de material plástico.

51 – Nocturno – Héctor Ranea

Entró sangrando. En silencio, con la automática apuntándonos, señaló dónde debíamos ponernos. Asustados, obedecimos. Encendió un porro, fondeó la primer pitada. Lo perseguía otro perro bípedo con un tiro en el pecho. El segundo lo recibió en la cabeza. Igualmente, lo arrastró afuera, ambos gritaban. Dos perros callejeros peleando, dos muriendo.

50 - Sabiduría inútil - Sergio Gaut vel Hartman

Uno se pasa la vida tratando de imaginar qué se siente al estar muerto. Y cuando lo descubre no le sirve de nada. Les explico: el universo entero se convierte en una cámara Gesell y no importa cuánto aplastes la cara contra el vidrio: nadie te ve ni te oye.

49 - El regreso de Alicia detrás del espejo - Héctor Ugalde

Alicia estaba maravillada por todo lo que veía detrás del espejo.
Así que pasó a través de él y vivió un gran número de emocionantes, aunque extrañas aventuras, acompañada de varios personajes estrafalarios.
Cuando quiso regresar encontró que el espejo realmente era una ventana.
Y que ahora estaba cerrada...

48 - No siempre nos quedará París - Héctor Ugalde

Los extraterrestres pensaron que sería buena idea destruir la ciudad de París. A partir de ese momento millones de personas ya no se distrajeron con ideas románticas y se enfocaron únicamente en la destrucción de los extraterrestres, los cuales fueron aniquilados totalmente y sin ninguna pizca de amor.

47 - Barbazul - Sergio Gaut vel Hartman

Gilles de Rais no mataba a sus esposas, ni a sus suegras, como dice la leyenda. El amigo de Juana de Arco solo violaba y mataba adolescentes elegidas entre las aldeanas de escasos recursos. Lo de la barba es mito: no hay ninguna foto que lo certifique.

46 – Lo que mata es la mezcla - Sergio Gaut vel Hartman

La Bella Durmiente siente un roce en sus labios y despierta. La rodean un gato calzado con botas, un muñeco de madera y una niña vestida con una caperuza roja.
—¡Mecachendié! —exclama la niña—. Esta tarada volvió a meter los libros de cuentos en el lavarropas.

45 - Vivir en el limbo - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Tenía varias vidas gracias a: Cortázar, Bolaño y los libros imposibles de Borges. A veces era un cronopio pequeñito, un detective salvaje o se perdía en los laberintos de Babilonia. Al regresar a su vida ordinaria enfermaba y sólo unas gotas de literatura lo aliviaban.

44 - Ilusa – Sergio Gaut vel Hartman

No se hace justicia con el esfuerzo aplicado por la madrastra de Cenicienta para que la muchacha pudiera ganarse la vida en el servicio doméstico. Y ella menos: prefería pensar que un día perdería un zapato de cristal y se casaría con un príncipe.

43 – Una crítica con fundamento - Sergio Gaut vel Hartman

—Lo que más me molesta de las tramas de los cuentos clásicos son los lugares comunes, los clichés, la moralina superficial y ridícula, el abuso que se hace de la buena fe del lector...
—Si lo decís vos, Blancanieves, así debe ser, nomás.

42 - ¿Igual a todos? - Héctor Ugalde

Ella me dijo que era igual a todos los hombres.
Me miré al espejo y vi mi millón de rostros...
Me devolví un millón de miradas...
Esbocé un millón de sonrisas...
Volteé y le respondí "No a todos. Solamente a un millón".

41 - ¡Arrepentíos, el final está cerca! - Héctor Ugalde

Siento que el final está cerca. Pienso en todo lo que pude haber hecho y no hice. En lo que debí hacer de una mejor manera. Bueno... Tal vez para la próxima vez, por lo pronto a disfrutar de este orgasmo.

40 - Cambiando el destino - Héctor Ugalde

El dragón está preocupado. Ha leído y releído los libros y sabe cual será su destino. Así que cuando llega el caballero toma la determinante decisión que cambiará su destino: —Decidí dejar de fumar —le informa al doctor.

39 - Extraño fenómeno... - Héctor Ugalde

Extraño fenómeno el que sucedía cuando se miraba en el espejo.
Se veía alto, guapo, musculoso, sonriente, perfecto...
Muy diferente a como lo veían las personas que iban a la feria itinerante y que le gritaban cruelmente:
"¡Extraño fenómeno!"

 38 - Palabras cruzadas - Héctor Ugalde
—¡Payaso!
—¡Bruja!
—¡Monstruo!
—¡Araña!
—¡Charlatán!
—¡Momia!
—¡Inútil!
—¡Guacamaya!
—No... Debe de ser de 7 letras...
—¡Pensemos bien cuál es la última palabra para terminar de llenar este crucigrama!

37 - Aclaración necesaria – Sergio Gaut vel Hartman

La luz se filtra a través del útero; oye sonidos, se chupa el pulgar, puede hablar.
—Mamá, ¿yo soy un feto? —pregunta angustiado el nonato.
—No, hijito; sos muy lindo. Y cuando nazcas serás más lindo todavía.

36 - Humor – Sergio Gaut vel Hartman

—La potencia intelectual de un hombre —dijo Friedrich Nietzsche— se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
—Entonces lava y seca los platos con una sonrisa —replicó la delicada hermana del filósofo.

35 - Esperanza mutua - Héctor Ugalde

La Bella Durmiente despierta y busca infructuosamente al gallardo joven que le dio el tan esperado beso de amor. Se pone triste porque solamente encuentra a un decepcionado sapo que creyó poder convertirse en príncipe.

34 – Simulacro – María del Pilar Jorge

Estaban besándose, se veían felices. Se desprendieron del abrazo, justo al verme pasar. Les sonreí, deslicé un saludo y seguí mi camino sin detenerme. Nunca supieron que soñé con sus besos miles de veces.


33 - Primera vez... - Hector Ugalde

Me sentí solo por mucho tiempo. Te vi y me enamoré. Inventamos juntos el amor... Entonces me sedujiste con lo prohibido. Y se nos acabó el paraíso...
—Pero, Adán, ¡eso es historia antigua!

32 - Desvelo - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Despertó sobresaltado, soñó que no era feliz, se percató que todo a su alrededor estaba en orden y en silencio sepulcral; se sintió tranquilo y sólo así el cadáver volvió a dormir.

31 - Corazones perdidos... - Héctor Ugalde

¡Cupido estaba frustrado!
Había lanzado flechas y más flechas y ellos, con la mirada perdida del uno hacia el otro, pero sin verse.
Con el corazón puesto en la música mp3.

30 - Un cuento de fantasmas sin miedo - Sergio Gaut vel Hartman

Ya saben que la muerte nos iguala a todos, que no hay madres, hermanas, hijas. Y está bien que así sea porque acá el incesto es el único entretenimiento permitido.

29 - Pasajes directos a nuestro destino - Héctor Ugalde

Pido un par de pasajes directos que nos llevarán rápidamente a nuestro destino. Intento pagar, pero me dicen que no dan crédito a pasajes bíblicos del Genesis al Apocalipsis.

28 - Añoranzas de un hombre - Nélida Magdalena Gonzalez

Sentado en una mecedora, el abuelo recordaba viejos tiempos. Aquellos en los que trabajaba y era útil. Más aún, los momentos en los que lo consideraban una persona.

27 - Hotel de paso - José Manuel Ortiz Soto

Cuando desperté, la puta dinosauria ya no estaba ahí, ni mi cartera ni mi reloj ni mi ropa; solo me dejó este cuchillo clavado en el pecho.

26 - ¡Cuenta conmigo! - Héctor Ugalde

Dije "¡Cuenta conmigo!"
No supe en lo que me metía al decirle esto a un contador compulsivo.
Nos pusimos a contar estrellas y granos de arena...

25 - Mecánica cuántica y maullidos - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Schrödinger se equivocó, el gato salió de la caja de un salto y ronroneando —con una vida menos—, pero vivo al fin y al cabo.

24 - Media historia - Héctor Ugalde

El vaso medio vacío se encontró un día con el vaso medio lleno.
¡Se complementaban!
Se enamoraron.
¡Por fin habían encontrado su media naranjada!

23 - Borges despertó del sueño de ser Borges - Héctor Ugalde

Borges despertó del sueño de ser Borges. Entonces pudo ser recuerdo u olvido, sueño o despertar, orden, caos, Teseo, Ariadna, Minotauro, o laberinto...

22 - Sólo con su alma - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El náufrago sólo tenía un diminuto trozo de papel, afiló el lápiz con los dientes y se dispuso a escribir un microcuento.

21 - Una conversación - Sergio Fabián Salinas Sixtos

—Café —dijo él.
—Leche —agregó ella.
—Día —sentenció él.
—Noche —murmuró ella.
—Te amo —susurró él.
Ella ya se había desvanecido.

20 - El adiós - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Ella se marchó y él quedó hecho un mar de lágrimas que poco a poco lo ahogaron entre corrientes salinas.

19 - Breve historia de los dinosaurios - Sergio Fabián Salinas Sixtos

—¿Por qué desaparecieron los dinosaurios?
—No desaparecieron, están aquí.
—¿Es eso posible?
—Despierta y lo verás.
Y cuando despertó...

18 - Títere - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Pinocho: miró sus manos y eran buenas; miró sus pies y caminó; sabía que estaba vivo y sonrió.

17 - Payaso - José Antonio Iñiguez Narváez

Con esta hoja de afeitar, más brillante y tersa que nunca, voy borrando mi rostro de hoy.

16 - El amor es ciego hasta que abres los ojos... - Héctor Ugalde

El amor es ciego hasta que abres los ojos... ¡Y entonces es amor a primera vista!

15 – Cuento de tres o cuatro palabras – Héctor Ranea

Érase una vez. ¡Pucha, ya me pasé! ¿No ves que no sirvo para esto? Renuncio.

14 - Inmortalidad al alcance de la mano - Héctor Ugalde

Quiso ser inmortal. Así que se puso a escribir un cuento de nunca acabar...

13 - Cuentos completos - Sergio Fabián Salinas Sixtos

El escritor fantasma: escribía y corregía, editaba y publicaba; pero nadie lo leía.

12 - Venta de comercios al por mayor – Sergio Gaut vel Hartman

Vendo mercado chino a precio regalado. Mil doscientos millones de clientes cautivos.

11 - ZZZ - Héctor Ugalde

ZZZ... Y en la última palabra el diccionario se queda dormido...

10 - En tu memoria - Héctor Ugalde

Este aniversario voy a hacer algo en tu memoria: Olvidarte.

9 - Pensamiento cuadrado - José Manuel Ortiz Soto

La mayor parte del tiempo soy un trapecio escaleno.

8 - Amor instantáneo (sueño húmedo) - Héctor Ugalde

Amor instantáneo, sólo agregue agua. Entonces despierto sudando...

7 - María Magdalena - José Manuel Ortiz Soto

Siempre traía al Jesús en la boca.

6 - Para CR que no logra mirarlo por TV – Sergio Gaut vel Hartman

Reparamos controles remotos por control remoto.

5 - Juego de Espejos - Héctor Ugalde

Los espejos juegan al infinito...

4 - La tetralogía - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Sólo llegó a trilogía.

3 – Mi primer cuento de tres palabras - Sergio Gaut vel Hartman

Es este mismo.

2 - Noticia de última hora - Héctor Ugalde

Apocalipsis Now.

1 - Dícese del significado de una palabra o una expresión - Héctor Ugalde

Definición

0 - Paráfrasis del silencio - José Manuel Ortiz Soto


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